17 sept. 2009

A girl I know, she is partly mad. Yet behind that smile, she is partly sad. She is partly calm, she is partly wild. But she is mostly woman…

... No. She is mostly child

Viajar es como follar: mientras lo haces no existen los problemas cotidianos: no tienes madre, no tienes una mierda de curro, no hay crisis, no hay imbéciles que te rodeen. Pero, es verdad, un momento después de correrte (porque en cuanto este momento acabe, nos odiaremos otra vez la una a la otra), con el sudor frío aún en la piel, no quieres ni mirarte. La única persona a la que odiaremos más que al otro será a nosotros mismos. Estos son los momentos en que puedo ser más humana. Solamente durante estos instantes no me siento del todo sola. Parafraseo de memoria al imbécil de Chuck Palahniuk.

De regreso, los dedos tan amarillos de tanto fumar. De regreso, el alma tan amarilla por no ser indiferente al paso de los fotogramas de la vida ante los ojos. Regreso. Dos meses de ausencia. Me reinserto en mi ecosistema habitual. Ausentarse dos meses no parece excesivo y sin embargo tiene sus consecuencias -me aterra la inconsecuencia de estos tiempos-. Los buzones -virtuales y físicos- llenos de correspondencia, de mensajes sin lectura, de publicidad vehemente, de anuncios absurdos, de preguntas sin respuesta, de anhelos sin esperanza, de facturas pendientes, de textos algunos incomprensibles y, otros, sencillos y claros, aunque a destiempo. Como el de Josephine: Luna, he llegado bien. Ya te contaré. Ha sido algo inesperado y emocionante. Copenhague parece precioso... A Josephine le dejé las llaves de mi departamento porque iba a pasar el verano estudiando. Ahora todo se cubre de una capa del polvo -el desgaste del mundo se coló por las ventanas solo entornadas por su presunta presencia en París-, se puebla de plantas secas -alrededor de los ficus un otoño anticipado adorna el suelo como una sombra por ausencia de riego-, grifos que han dejado de manar -me han cortado el agua por falta de pago: no escarmiento, sigo sin domiciliar el recibo-, una paradójica gotera y, pobres, mis peces tropicales rojos: Carlos y Federico -¿quien recuerda que deja dos peces en la pecera cuando un viaje crea tanta inquietud?- flotan hinchados panza arriba en la superficie del agua en avanzado estado de descomposición haciendo metáfora de la vigencia actualizada de esos nombres y aquellas ideas. Sin en vez de dos estoy fuera tres meses, me hubieran dado por muerta.

Espero un otoño brutal: lloverán más desheredados de la purga capitalista bajo la sonrisa plácida de la casta política (ya solo hay una): aquí, conservadora; allá, también. Los jóvenes seguiremos ensayando una vez más el hastío y nos abrasaremos atrapados, pensando, entre lo que hemos deseado y lo que hemos conseguido. El cruel relato de lo cotidiano deja cicatrices y astillas bajo la piel que aquí ignoramos porque tenemos betadine, apósitos y nolotil a la vuelta de la esquina. Pero que en el culo del mundo del que vengo no es así exactamente. Porque lo que aquí tenemos el 80%, allá sólo lo disfruta el 20% restante. Tanta belleza -física, humana- y tanta pobreza. Tanto drama y conozco a tanta gente linda.

América está viva de vida. Europa está muerta de abulia y pereza. De sobrarle y tenerlo todo. Nuestra vida es sólo un hueco. Y los seres humanos que la poblamos somos clandestinos del resto, del demás, y los lugares que pisamos son huecos llenos de huecos, almas huecas –mi alma es sólo polvo y vacío-, el sexo es hueco -la muerte, ¿y dónde nos meterá?...-, las ciudades son polvos, de los más baratos, como de putas asequibles, sórdidas pero dulces que te besan –dame un besito, putita, antes de ir a dormir- en el lugar donde la belleza ha quedado sustituida por las cicatrices de nuestra música: todo es feo; menos mal la música. No se bien dónde residirá la belleza. Tampoco sabría definirla: la definición destruye.

A eso estamos condenados, a la incómoda humedad del sexo, al olor acre de los pliegues de la piel (los hombres huelen a cemento sin fraguar, las mujeres a arena de playa), al sudor del rostro para obtener tu pan hasta volver a confundirte con la tierra, polvo eres, y a ser polvo retornarás. Plomo, el aire se hace plomo, los cerebros anulados: en el rincón de la memoria no hay sino pelusas, bolas de pelo, polvo compacto. Los ríos históricos que marcan fronteras como meridianos de violencia arrastran los cadáveres arrojados por el resto del mundo a sus aguas. Trastienda: ustedes para nosotros son muy importantes, pero también un problema. Condenados a repetirnos como estirpes mágicas, aunque sin derecho a una segunda oportunidad en la tierra. El egoísmo, la desconfianza y la tiranía del presente boicotean cualquier esperanza de futuro. Vivimos presos del imperialismo del tiempo que lo coloniza todo. De la dictadura del presente que nos impide recuperar la confianza en el futuro. La estadística nos deja siempre fuera de los normales. ¿Y qué será lo normal, Luna?, me pregunto seguidamente.

El resto, bien. Como la virtud no cambia nada, he procurado no ser demasiado buena chica. Realidades y deseos... yo sigo extraviada aún en los últimos. Y en América el deseo está todavía muy vivo. Y la realidad , nítidamente exagerada.

Gracias a todos por esperarme.