21 nov. 2009

Betrayed by a kiss

La velocidad, dicen, es una magnitud física de carácter vectorial que expresa el desplazamiento de un objeto por unidad de tiempo. Imagino que también influye la dirección. El espacio. No se. Los sentimientos. Y la velocidad de crucero de la vida.

Ella tiene un violoncello. Yo lo llevaba a la espalda. Ella tiene también una motocicleta. Grande. O mejor: potente. La potencia también tiene que ver con la acción de las fuerzas físicas. Y como en el fondo me gusta más ser lírica que científica, la aurora se conjuró (otra vez...) en líneas de carretera y árboles transcurriendo infinitos, difuminados ante la mirada entornada por viento y lágrimas. 800 km.: París, Evry, Nemours, Auxerre, Dijon, Chalon, Lyon, Geneve... y, por fin, Milán... subida a la grupa de un enorme insecto mecánico que sobrevuela rozando el asfalto. Llevo aquella vieja chaqueta de cuero rojo que ella llevaba en su moto y el viento frío me quema en la cara. Esto no es nada parecido a bajar Champs Elysées.... Me pego a su espalda. Estrecho el cerco de su forma. Me dejo llevar. Y ella me lleva.

Camille también se llama Camille. Camille Kaminsky. Su apellido lo dice todo. Me pide que la acompañe a Milán, donde actúa en la Scala con la orquesta de la Juventud Venezolana Simón Bolívar. Camille y el cello entre sus muslos, como la bella Jacqueline du Pré. La recuerdo desnuda, ayer, en la habitación del hotel Le Lyon d'Or de Lyon. Ensayando suites para cello de Bach. La escuchaba tendida en la cama.

Hoy Milán, paseo sola los tejados del duomo y recuerdo a mi padre, que nació en esta ciudad. Mi padre y mi abuela. Lluvia y jirones de niebla, como su vida. Al fondo, el palazzo Carminati y a un lado el gran arco de entrada de las gallerias Vittorio Emanuele II.

De mi padre, un judío comunista de origen italiano y con pocos escrúpulos -se que es algo compatible, aunque excusable, me refiero a la carencia de escrúpulos- siempre recordaré una frase que me repetía regularmente y que venía a decir: hija mía, la vida apenas dura una milésima de segundo de la eternidad: atrápala con alegría y vence cualquier resistencia de disfrute. No te dejes llevar por ella: acompáñala. Era un tipo optimista y vital. Un vividor. Nos dejó a mi madre y a mí plantados por una mujer con algunos años menos de los que tengo yo hoy, 25: una mulata hermosa y sensual que supo atrapar con alegría la vida, como él decía, y que luego supo llevarle a él por el camino de la amargura. Porque igual que se lo folló a él sacándole de su perplejidad ideológica, se folló a todos sus amigos, compañeros de oficio, camaradas e intelectuales de su círculo. Derrotó su falta de escrúpulos.

Entregó su alma por 30 monedas de plata. Acosado por el remordimiento, quiso volver, devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos: Pequé entregando sangre inocente, ... besaba mis manitas de niña ya adulta, treinta besos de plata, treinta lágrimas desconocidas. Y lloraba. Y aunque se alejó, nos entregó, nos traicionó, me amó, se consoló y aunque vendió su alma: go to him now, he calls you,/you can't refuse/When you got nothing,/you got nothing to lose/You're invisible now,/you got no secrets to conceal... después caminó unos pasos antes de ahorcarse. Traicion y treinta monedas de oro. Un beso. El pago por no volver a mirar atrás. Me gustan más los besos traicionados... pero también tener siempre a Judas de mi lado.

Conviví con mi madre y con él hasta que yo cumplí 16 años mientras vivimos en México DF. Él allí se dedicaba a comprar derechos de libros y publicarlos. Y a dar clases esporádicamente como profesor invitado en la UNAM e investigar sobre la figura del presidente Lázaro Cárdenas y la ayuda que dió al gobierno de la República de España durante la Guerra Civil: millones de municiones y de fusiles que apenas sirvieron de nada.

Desciendo hasta la piazza del duomo enredada en pensamientos y gotas de lluvia. Me siento en el Caffe Zucca in Galleria y pido un ristretto. Entre tanto llega, dejo que el gato de los ensueños desmadeje el ovillo de la razón. Y ya de regreso al hotel espero en duermevela que Camille regrese de su ensayo. Sueño... el pasado no forma parte de mi jurisprudencia y la delgada línea del presente -que lo separa del futuro- apenas sirve para dar forma a la esperanza de que el mundo será mejor mañana. Falta la acción. La velocidad del tiempo. La revolución. La urgencia de la revolución. La revolución es un acto de violencia (una clase derrota a otra: ¿hoy hay clases?). Mi padre sabría explicármelo. Pero en realidad a donde quiero llegar hablando de mi padre es a la sra. Garavelli. Su madre, o sea, mi abuela paterna...