9 sept 2010

Sometimes I feel so happy / Sometimes I feel so sad / ...but mostly you just make me mad

Tenía un tigre chino tatuado al final de la espalda, en los lóbulos de las orejas unas perlas nacaradas y el resto de lo que recuerdo de ella es su piel de seda y su nombre: Hazel, poussière d'étoiles dans les yeux y amor de infancia en la medianoche.

Ahora es septiembre. Y ya sólo detesto... Detesto el despertador, detesto no recordar mis sueños nada más despertar, detesto la tostadora de pan y estas tostadas, detesto el sonido de la radio de las mañanas, detesto levantarme sin que haya amanecido -tarda en hacerse de día: una claridad malva y plata se desliza por los adoquines y los pretiles del Sena-, detesto el aire gris estancado en mi ausencia entre estas cuatro paredes (mi hogar) e invento pinceladas (je!, en realidad brochazos) de los colores más hermosos, detesto el tiempo que tarda en llegar el agua caliente a la ducha mientras estoy desnuda ya en la bañera, detesto el casco de la moto, detesto naufragar cada mañana en este río que cruzo. Detesto este tiempo líquido. Al final lo que más detesto es saber que nunca saldré viva de este mundo.

...Agosto. Me acuna el Egeo durante tres semanas, me hipnotiza su azul transparente surcando las aguas, el aroma de su comida y su paisaje: ecos de puestas de sol en Falasarna, puertos venecianos del norte y olivos y acantilados del sur frente al Mar de Libia: nada que ver con el paisaje de moscas y hormigón italiano o español. Grecia aún es un ritmo de vida tranquilo de tabernas, barrios, gentes, un capitalismo perezoso y mediterráneo de siesta y cabotaje. Y, sin embargo, el sacrificio de cuerpos jovenes y cosmopolitas -sus clientes- al sol ardiente y festivo -creo que me quedo con la fiesta antes que con la tragedia griega, por muy culta que sea ésta, a pesar de llevar la contraria a Aristóteles: la comedia es mímesis de hombres inferiores, parte de lo feo. Nunca fue muy inclinado al vicio el estagirita- que calcina sus hermosos paisajes parece exigir a cambio la puesta en marcha -los golpistas ya no visten verde caqui, sino verde dollar- de un capitalismo a velocidad de crucero que borre de la faz del continente los restos -exiguos ya- de una Europa meridional aún con medida humana: subdesarrollo y ritmo de a pié. Me viene a la cabeza Ilya, la puta alegre del Pireo interpretada por Melina Merkouri en Never on sunday, de Jules Dassin, mundo ínfimo de la verdadera Grecia: mercaderias, suciedad, taberna, impulsos primarios, retsina, baile y contrastes, no de luz y sombra, sino entre Apolo y Dionisos.

Garganta de Samaria, Meseta de Lassithi, Leprosería de Spinalonga, isla de Gramvoussa, desciendo los 290 escalones hasta Preveli... ella está allí. Bucea desnuda y libre, el agua se desliza entre los muslos de Hazel como desearía hacerlo yo. Ah, deseo que obedeces cada uno de los caprichos de mi mente, sólo pienso en tu felicidad: ponme la mano aquí, Macorina, que me muero/...ponme la mano aquí, que estoy loca..., la nostalgia del país donde nací con la voz de Chavela en el iPod. Me siento tímida y fascinada por su cuerpo tan pálido ante mí, encantada por su espíritu hecho de añicos de sueños y de aquella arena... Yo, inevitablemente arrastrada a la melancolía y entrando por las Cuarenta y Nueve Puertas de la Obscenidad, el Árbol de la Vida y la Guía de los Perplejos... Ojos grises transparentes, languidez oriental en el rostro, boca gruesa de gozadora sin escrúpulos... Bíblica.

De regreso a París me doy de bruces con petit Petain crecido como nunca y deportando en masa. Más: pretende quitar la nacionalidad francesa a toda persona de origen extranjero que atente contra la vida de cualquier autoridad pública y extender la medida a los polígamos, la trata de humanos y los actos de delincuencia graves. La douce France que despierta con Montesquieu y anochece con Rousseau sorprendiendo al mundo. La igualdad apenas en los lemas. ¿Retirarán la nacionalidad a la Bettencourt o a Johnny Hallyday por fraude?¿A Chirac por corrupción?¿A Miterrand por concubinato? De la Bruni no digo nada, lo dicen todo en Irán: es una puta italiana que merece morir por su vida inmoral.

El porche era de cal blanca con ventanas pintadas de amanecer abierto al mar. Hazel recostada; a sus pies, su amante -yo-; a los míos, perros blancos inmóviles con el hocico sobre las frescas baldosas y los ojos entornados. Me admite en su cama hasta la mañana siguiente. Amanece y permanezco sumisa a esta ilusión. No me atrevo a moverme. Será por el tigre. Tómate esta botella conmigo / en el último trago me dejas..., y en el último trago me besas. Grecia es un país seguro: durante mi estancia aquí, ni se ha hundido ni se ha vendido -que yo sepa- ninguna isla (y son el 45% de la superficie del país). Austeridad para los pobres y manga ancha para los de siempre.

Como decía Keats, casi desearía que fuéramos mariposas y sólo viviéramos tres días de estío, Hazel. En verano se acelera el tiempo histórico. A veces suceden más cosas que en los 11 meses restantes. Me guardo casi todo para mí (...I wouldn’t be ashamed to be seen with you anywhere / You got something I want plenty of...). Hace ya tanto tiempo que sucedió todo lo que me interesa...

23 jul 2010

TAKE TIME OFF: TAKEOFF...

Escribo estas líneas y dejo de pensar durante un mes. Desaparezco, cansada, dejo el alma a remojo, me descalzo y me salgo por un renglón torcido. Una hibernación de agosto, desnuda y con muerte cerebral.

Llevo unos pocos días reflexionando sobre la belleza. Pero no la belleza interior precisamente: empecé a darle vueltas cuando vi las tetas de Larissa Riquelme, un poco estrábicas, pero alegres, rotundas (las tetas de Larissa asimiladas al Cantar de los cantares y no a la maldición shakespeariana; las tetas son como el umbral placentero del tacto). La belleza nos seduce y nos aparta de la verdad: lo vanal...

Y ayer por la noche, alejándome en realidad del estimulo inicial, creo que concreté lo indefinido de mi pensamiento sobre esto en la idea -la belleza- y su incompatibilidad con determinadas cosas o conceptos. Me ayudó Pessoa: lo que vemos no es lo que vemos, es lo que somos. O sea, la belleza está en nuestros ojos, en nosotros; la belleza es la afirmación práctica de una diferencia inevitable. No es por casualidad que, cuando tiene que justificarse, se afirme de manera enteramente negativa, por medio del rechazo de otras bellezas -de lo feo- (en la Distinción Bourdieu dice algo así).

Entonces, acostada boca arriba, repasé mentalmente algunos fotogramas de belleza varados en mi cabeza y que, creo, han ido construyendo mi gusto. La arena triste de los circos, el aliento lento de las fieras, el aroma evocador de la albahaca, la sombra inquietante de los hombres, el tacto inverosímil del mercurio, la gravedad. Walt Whitman: Leaves of Grass. Baudelaire, Rimbaud, agua de enjuagues de muchachas amorosas de las baladas de François Villon -Je suis François et cela me pèse/Né à Paris près de Pontoise/Et de la corde d'une toise/Mon cou saura ce que mon cul pèse-, pedradas mortales en las tonsuras clericales, Gustave Courbet -L'origine du monde-, el erotómano Nicolas Emme Restif de la Bretonne -Nuit de Varennes-, la sobria dignidad de la palabra del ciudadano Robespierre, la pintura de Balthus -Alice dans le miroir, japonaise au miroir noir, nu avec chat, Thérèse rêvant...-, Pushkin, Oneguin, Georges Perec recordando, Sciascia dejando su huella de bronce en las aceras de Rocalmuto: giorno della civetta, conciertos mágicos de Carpentier, Rulfo, Gallegos... o Agota Kristof -Le Grand Cahier-, tantas extrañas cosas bellas más. Godard -A bout de soufle: ay, Seberg, ay Belmondo..., Bande à part-, Truffaut: Jules et Jim, La peau douce, Baisers volés, Kim Ki-Duk -Bom yeoreum gaeul gyeoul geurigo bom-, Mortal y rosa de Umbral, Steve McQueen, Otto Mueller, Harlem, George Grosz -o ser una de las dos mujeres de su autorretrato-, Otto Dix, Christian Schad -Zwei Maedchen, Halbakt, Operation, Selbstportraet...-, Cagnaccio di San Pietro -Dopo l'orgia-, los cuerpos tendidos, enlazados, extraños, corridos, perdidos en la vorágine de los sentidos, Helen Levitt, Miroslav Hak, los desnudos de Campden Hill de Bill Brandt, Bach -Clave, Concierto No.5 en in F Minor BWV 1056-, violinkoncert Beethoven, Wagner, Glenn Gould, Chesney Henry Baker Jr., -Oh, Chet, canta Funny Valentine mientras duermo y me acaricias el vientre, sueños de la razón-, Charlie Parker y Coltrane. Dylan, humo de libertad: But it’s not that way/I wasn’t born to lose you, y el zíngaro Reinhardt camino de la Camarge. Berlín: Alexanderplatz, Die Blechtrommel -el rostro pegado al pubis-, jüdischer friedhof, memorial soviético; París: Le Marais, Olympia de Manet, los pies de Mme. Récamier; NY -Upper east side, Greenwich, Patti Smith y el CBGB-; Londres -Nothing Hill, Covent Garden, mítico Roundhouse: destroy-; el color gris del mar en el Cabo Norte, verde de la laguna de Venecia -Venecia: Lido, Campo dei Mori, Ghetto-, azul del hielo del Perito Ruiz, los ojos de Picasso o de Bonnet/Kippelstein -Au revoir les enfants-, Coltrane -Soultrane: piano Garland-, Venus de Jean Fouquet, ciudad de Lucca, costa de Normandía soñando los acantilados de Dover. El manifiesto comunista, la nostalgia revolucionaria, sonrisas varadas en el malecón de La Habana, Yunnan, las carreteras tortuosas, las montañas vistas desde los aviones, champagne Pommery sin fresas ni bandeja de plata porque ella no quiso, la voz y la palabra como argumentos de la vida. La belleza -lujuria- del segudo circulo del Infierno de Dante: el torbellino incesante de esta necesaria soledad. De los cainitas, que honran a los perseguidos por el dios de los judíos: Caín, los habitantes de Sodoma y Gomorra; Voluptas, hija de Eros y Psiqué. Afrodita naciente del semen arrojado al mar por Urano. Qué hermosa pornografía mitológica. El vértigo del pasado verano al mirar el Pacífico desde Aguadulce semejante al de las 122 millas desde la costa de California -Highway 1-, a follar en la orilla de la Laguna de Canaima escuchando aún el agua de Salto del Ángel. París de cada día como el París ocupado de Patrick Modiano: la piel tersa de la juventud (café) perdida, dibujado por la mano de Tardí, la piel fría de la Venus de Milo o de Boticelli, buscando el retorno eterno a la seda de tus muslos. Follar sin que se te escape el amor, que es lo peor: belleza -placer- mutilada por la moral.

Belleza en el rostro de Shakine Mohammadí Ahstiani, iraní de 43 años, condenada a ser lapidada por adúltera, enterrada hasta el pecho y golpeada hasta la muerte con piedras que no sean tan grandes como para matarla de forma instantánea ni tan pequeñas que no le causen daño, tal como establece el código penal de la República Islámica. Triste el mundo que castiga por follar. Triste y doloroso, especialmente cuando los que castigan son quienes no follan. Cómo la consolaría tendida junto a ella.

Belleza es... quizá sentarme de nuevo a tu lado a conversar mientras cenamos, quizá posar las palmas de mi mano en tus mejillas -no se si lo haría-, quizá volver a sentir tu abrazo sincero, quizá pensar en lo que me has escrito (sería diferente si me lo hubieras dicho) que piensas, tratar de soñar contigo -ya te he soñado- o saber qué soy en tus sueños. Nos escribimos mucho y apenas nos vemos con los pies en la realidad, y ya un día me lo dijiste y te di la razón. Y volví a escribirte como una necesidad mía que no se si debes cargar tú por no encontrar el momento de poderte ver. Tu pensamiento es claro y a veces creo son mis razones las extraviadas. A veces -digo- nuestras palabras nos impiden hablar. Parecía imposible. Nuestras propias palabras...

Me marcho a Creta. En barco. Que vuestra navegación sea tranquila.

http://www.youtube.com/watch?v=1h1oRP7FfBw

16 jun 2010

Half-wracked prejudice leaped forth

Soy insomne (pero no quiero tomar píldoras legales del bienestar). Y tengo desasosiego dentro (tampoco quiero tomar píldoras legales para inhibir las neuronas). Mis últimas mañanas son mañanas de madrugadas de desvelo en las que me ducho intentando que los sentimientos de plomo gris y raices negras se los lleve el agua... Emociones, subjetivas y personales: angustia, culpa, indiferencia, amor... Me gustaría no tener alma, sino un código xml embebido en el cuerpo, bajo la piel. En realidad hay algo de eso: sentimientos que se derraman. Insomne: se detiene el tiempo (como en una fotografia de Saul Leiter, que al tiempo me evoca los instantes detenidos de Hooper y la laxitud sexual de Balthus: instantes detenidos por ojos heridos por la belleza) mientras las sábanas se arrugan, ilesas, bajo mi cuerpo y morreo -sola- con la almohada. Entonces me asomo a fumar. Escucho el pulso de St. Denis, voces en español con acento americano: negro jueputa, vergón!, cholo llorón, ven aca..., qué ojos tan chimbas tienes y qué rico culeas, amor... son sólo ecos de susurros. Se me antoja que mi ventana de París se asoma a unas Antillas cálidas que son las estrechas calles entre Sébastopol y Beaubourg.

Y es que estos días -en estos últimos siete días tres personas me han dicho: sabes como el cielo, qué putas eres, y no, no sientes tu trabajo, luego lo explico- quiero hacer las cosas con dolor en el alma. Pero no, no puedo. Por lo de los sentimientos, las emociones. Porque no creo en la afinidad, afecto, apego que parecen necesarios para que los cuerpos se encuentren. No, no quiero sentimientos. Emociones,no. Acción. Prefiero noches eternas. Noches eternas de nueve meses sin dormir pero apegada a la piel. Prefiero enfadarme como obligación, no como reacción. Lágrimas porque escuece la piel, no por pasiones del alma. Y es que me cuesta más hablar de mis sentimientos que de mi sexo. Debo saber explicar esto antes de que la madrugada comience a pintar colores que difuminen el color gris de mi desesperanza. Tolstoi decía todo lo que sé, lo se porque lo amo -a Lev se le fue la olla de viejo-. Pero a mí, el sentimentalismo me distrae; el amor me enreda y desordena: me hace resistente a la excitación, no me deja ir donde deseo: al deseo. Amor delirante, ciega lealtad... nadie es de nadie. Ir y desandar pasos. Atajos y caidas. Volver al lugar desolado. Promesas incumplidas. Caricias en la piel: una mano en el vientre. Confidencias al oido. Cómplices de sueños, fantasias, fervores. Caminemos juntos, una junto a otro, comamos juntos, compartamos techo... ¿Qué lo diferencia de mi relación con mi perra? Mi perra es un animal, no otra hembra. Y con mi perra no follo. Con mi perra no tengo la confianza de intercambiar fluidos. No me considera suya. No soy de ella. Mi intimidad no son sentimientos. Al contrario: prefiero follar como una perra que no ser sumisa, de alguien. Sí: como una perra.

Siento deseo como siento hambre y sed. Lujuria y atracción, pero no apego. Mis feromonas, dopamina, serotonina y norepinefrina no llegan a la tercera etapa, son a corto plazo. No entienden del apego que se transforma en relación a medio, largo plazo. No me implica en emociones distintas del deseo sexual individualizado, del aumento del ritmo cardíaco, del apareamiento. No hay lazo afectivo, no hay cariño, ¿dónde están la oxitocina y la vasopresina? No entiendo el amor bíblico de la salud y la enfermedad, la alegria y tristeza... El que imagina aquello que ama afectado de alegría o tristeza, también será afectado de alegría o tristeza; y uno y otro de estos afectos será mayor o menor en el amante, según uno y otro sea mayor o menor en la cosa amada. Sí, si, Baruch... pero no. No quiero amar. La vida -Proust- está sembrada de esos milagros que siempre pueden esperar los que aman... Yo, sin embargo, no logro descifrar jamás el confuso alfabeto de este mundo.

1) Hace una semana cené hasta tarde una noche en Le Vaudeville con G. Nos dijimos adiós, sin lágrimas, hasta que G. me dijo que lo que más echaría de menos era lo puta que yo era. La abracé.
2) Anteayer desperté pensando en Antoine. Antoine es hijo de dos generaciones de emigrantes tunecinos afincados en París. Piel canela, ojos grises y una polla enorme sin circuncidar, que es como más me gustan. Hablamos tres días a la salida del trabajo, y se quedó una noche en casa. Buceando en mis pliegues. Una noche que mi almohada escuchó al mismo tiempo que yo: tú, cariño, sabes como el cielo.
3) Mi jefe... Todos están nerviosos porque el negocio cambia de manos. Y él quiere que hable -sienta- del curro como si fuera mi madre, mi coño, mi casa. Sentirme parte de él. Pertenecerle. Tampoco puedo. No me sale decir mi empresa, ni limpiar con un paño la pantalla de mi mac. No.

Es, ahora, demasiado temprano. Escucho a Earl Hines, once upon a time. Fatha Hines existía ya antes de que el jazz existiera. El piano se desliza casi silencioso por este amanecer de luz azul. Las seis, joder. No me importa decir que, cuando me pongo una medias, a medida que llego arriba del muslo me siento excitada; me miro en el espejo sólo con las medias y me doy morbo a mí misma. Desnuda y con medias. Sin embargo, cuando miro a Jacqueline a los ojos y sonrío -quizá no debería sonreir al decírselo- diciéndo que la deseo y ella se aparta de mis labios y me dice que voy demasiado rápido me siento mal, tan mal que no se si me equivoco en las palabras, en las señales que identifico, en los tiempos o en las personas. Me siento mal dentro, se me vacía la seguridad, vueltas y vueltas a la cama esa noche. Me quema algo dentro que no es de gusto. No me importa decir -volver a decir- que me cuesta más hablar de mis sentimientos -sigilo de puntillas, caminar de gata- que de mi vida sexual... Ayer noche iba deprisa. Sábanas revueltas. La almohada no escuchó nada.

7 may 2010

Johnny's in the basement. Mixing up the medicine. I'm on the pavement...

Hará dos horas... poco más. Estoy sentada mirándome los muslos. Dos horas. Me siento bien. Huelo la mano -be my own-, la recuerdo -por eso así-, o algo más. Tal vez y media. Tarde. Cuando estoy así se hace tarde. Y aún debo terminar de encontrar. Pero sin obsesionarme. Y faltan todavía un par de horas para ir al curro. Estoy desnuda y me miro los muslos. Se que me he masturbado hace un rato, me huelo los dedos. Cuando fumo marihuana los orgasmos me estremecen, duran infinito, me vuelvo loca, me tiemblan las piernas, no me sostengo. Y siempre me entra hambre. Mucha hambre. Pero aquí sigo, sentada -desnuda- en el sofá, los brazos abiertos, sudor en las axilas. Las piernas abiertas. Los reflejos relajados, reflejada en los cristales donde sólo me veo un segundo después de mirar. O sea, tarde. No estaba muy cargado, no, pero siento un adormecimiento agradable, la mente lúcida y que el cuerpo se hace específico enardeciéndose, concretándose: se concretan algunas partes de mi cuerpo, toman razón de ser por sí mismas, no me hace falta tocarlas para saber que están ahí pidiendo que la mano llegue a ellas. Ahora, insensiblemente tendida, a gusto. Consciente de mí. De ella cuando vivía bajo este mismo techo. En realidad no, no era bajo este mismo techo, porque era en la buhardilla de la Rue Beaujon. Fumábamos y follábamos. Nunca había fumado y follado tanto con nadie sino con Marie. Y con Laura, cuando vivíamos en Barcelona. Te corres de otro modo. Fascinante.

El tiempo interminable se sucede despacio aunque lo deshojo rápidamente en la circunstancia -no es tarde aunque parezca, Luna, que todo en tu vida sucede tarde-, brazos y piernas ligeras aunque no te muevas. No debes obsesionarte. Si te aceleras todo se acelera. Si te obsesionas, entonces la espiral es interminable. Si te deja Laura -ella era un verdadero amor, un ángel ciego: amo a la mujer ciega, nos amamos tan tiernamente en una habitación alta y blanca abierta a través de mis ojos al paisaje del mar como ama quien adivina y descubre, no quien constata. Necesitas música mientras recorres toda mi piel con las yemas de los dedos: eres un pájaro amando el aire que surcas suave, como los versos el papel, mis párpados y mis labios- te sientes descender al infierno sin renacer; mejor no fumes, porque morirás desangrada de un amor que no podrás confesar a nadie. Sin embargo, si te dejas llevar por la pasión, alcanzas los catorce ochomiles con la mente antes que nadie. Y con el cuerpo inmediatamente después. Y cada cumbre no es un éxito, sino un estremecimiento, una caída libre. Y Laura gemía en caída libre como sólo saben gemir esas chicas hermosas por dentro y por fuera. Muy parecido a como gimen las chicas japonesas -ya se que no todas las chicas japonesas gimen igual, pero sabemos de qué estoy hablando-. Otra vez excitada. Desde hace más de dos horas lo estoy. No dejo de pensar -el sol se está empezando a posar sobre mis muslos flacos, desnudos- mientras no pienso nada. No siento nada más sino que siento que mi sexo palpita y necesito sumergirme en él. Dos horas y ya el tiempo ha desaparecido. Sin necesidad de hablar me explico bien todo y no creo que el tiempo corra en balde. Que corra el tiempo mientras yo me corro. Otra vez. ¿Cuántas veces?

Me cuesta concentrarme porque sin ataduras las convenciones desaparecen, los pudores no existen, la mente es libre, la piel no necesita otra piel, las bragas se quedan en el suelo, el sexo rezuma, los miembros se relajan, laxitud: el deseo se emancipa, deseos de ser hombre sólo para estar dentro de una mujer, siento que cada parte de mí tiene un lugar preciso y que cada sensación sucede en el instante preciso. Te follaría ahora, Marie, Laura: mi amor. Sin palabras, desgranaría estas dos horas que ya me faltan metiendo y sacando cosas como si fuéramos tú y yo las mejores amantes que hubieran existido y nunca fuimos -dentro de ti no siento tu ceguera. Juego yo entonces a ser también ciega –sin que lo sepas– y pierdo mis labios en el mapa de tu cuerpo, pliegues que ahora no reconozco, seda y musgo, reino de silencio enigmático; perdida, me embebo / ahogo en mis propios jugos, siento tan oscuro este placer así que para ti es luz. Falta un sentido y nos sobra sensibilidad. Después, desnudas sobre la cama, adivinas al tacto colores y palabras escritas, con los ojos tan extraviados –parece a veces que tus pechos vean más que ven tus ojos, que tu piel sea más sensible a la luz que esas pupilas apagadas a la belleza: estoy triste porque eres ciega, porque amo, me aman sin que me vean –este amor sólo pasa por tus manos– y no porque sea poeta sin palabras, sin qué decir- y debiéramos entenderlo. No existe nada relacionado con nuestros cuerpos que nadie deba desconocer, no hay nada relacionado con el roce de nuestras pieles moralmente inadmisible. Minutos extraviada en la espiral de mi piel, la yema de mis dedos arrugada, la cara interna de mis muslos mojada, le mente tan limpia. Pam, pam, pam, camino hacia la ducha como flotando y el agua me reconforta. Hace tiempo que estoy refugiada dentro de mi propia piel. Me declaro incompetente acerca de mi exterior.

Deberíamos querernos más -he pensado bajo el agua- en lugar de correr tanto en pos del dolor. Sí: todo está roto, especialmente por la noche todo está roto. El tiempo está roto, sin reparación posible: los minutos que pasan borran el presente, no regresan, se suceden como el muchacho -otro muchacho- que, huyendo del dolor, murió estampado contra la muerte que estaba en los hierros de los bajos del camión. Quizá me hubiera gustado conocerle y sentirme follada por su miembro negro de muchacho de 20 años que huía de la muerte segura de los niños soldado que aquí ignoramos y que allí, enloquecidos por la droga -como la que yo tomo-, empuñan un kalashnikov que mata para nada y por ningún principio y sin ninguna esperanza y sin siquiera darse cuenta. Consolarle y follarle, o follarle en su consuelo, aunque después hubiera muerto. Como cualquier esperanza de cambio. Hoy la ducha me ha salido muy trascendente y profunda. Tarde, como siempre.

26 mar 2010

Un coup de dés

Mañana viajo a Roma, a casa de mi madre. Y esta noche he tenido una pesadilla: paseaba por los museos vaticanos distraidamente viendo esculturas por aquí y por allá. Era extraño, porque los pasillos estaban vacíos, silenciosos, en penumbra. Al llegar a la altura del Grupo de Laocoonte, alguien que surge de entre las sombras me agarra fírmemente desde la espalda, me tapa la boca y, arrastrándome trás el grupo escultorico, me levanta la falda y me ensarta por detrás -no se por qué razón no llevo bragas- con la naturalidad con la que follan los bonobos. En el sueño todo es confuso: siento un aliento oscuro en el cogote, forcejeo con la sombra mientras escucho un fru-frú de sedas y telas y unos gemidos enfermizos como de letanía al tiempo que me falta la respiración tanto por el hedor rancio que lo invade todo como por la mano fría que me tapa boca y nariz. Trato de gritar y desasirme. Me duele el culo. Cuando el tipo me suelta y reacciono, sólo alcanzo a ver la sombra difusa que huye, ya a mitad de la galería de las estatuas, con un largo vestido blanco y zapatos rojos. En la huída, queda un solideo blanco sobre el marmol brillante.

Me despierto sudando e, instintivamente, me echo las manos al culo. Llevo bragas y todo está en orden. Creo que acabo de soñar que me ha violado Benedicto XVI dentro del Estado Vaticano. Qué hijo de puta.

Llevo varios días rumiando sobre la pulsión sexual irreprimible de los curas católicos. Pero no; no, no se trata de eso. Si los curas sometidos a la antinatural -no es por extemporánea- continencia, celibato, abstinencia de la carne no pudieran soportarlo, irían de putas o se dejarían la polla roja de frotársela como los adolescentes. O, sin mentirse (visto lo que hacen con el dinero, qué no hacer con el celibato), vivirían en amancebamiento o compartiendo su existencia con una mujer. Pero no. No se trata de eso. Hipocresía. Trabajan su pulsión enfermiza con premeditada alevosía, abuso de confianza y superioridad, uso de disfraz, desprecio de la dignidad conociendo que el abuso se hace sobre quien, de antemano, se conoce su silencio: seminaristas -otros tarados-, niños, discapacitados... usualmente de su mismo sexo.

No son curas que se saltan el celibato, son pederastas, reprimidos, seres repugnantes -que se cuentan a miles- que delinquen con menores, con sus propios hijos o con personas que nos son dueñas de sus capacidades plenas: los violan, se los follan, destrozan sus vidas castigándoles a una humillación que abundará en sentimiento de culpa y en una autorrepresión que taparán con las ramas caidas de una fe falsa, obsoleta e irracional. El resto es tiempo y olvido. La única solución: juicio y cárcel.

Lo curioso de todo esto es que el asunto de no llevar bragas en el sueño me ha hecho recordar dos cosas. Una de mi infancia: cuando era niña, viviendo en Monterrey, mi abuela me ponía siempre unas bragas hechas de labor -las tejía ella- que me apretaban las ingles. Cuando la muchacha me sacaba de paseo yo, apenas en el portal, me las quitaba y ella las guardaba en su bolso. Esa sensación agradable del viento corriendo entre mis muslos bajo las falditas la evoco a menudo y creo que me ha ayudado mucho a ser como soy: me encanta despelotarme y llevar el culo al aire.

La otra me lleva a Sarkozy. El otro día vi en la prensa el revuelo ocasionado por Mme. Sarkozy, criticada por asistir a un acto oficial (recepción al presidente ruso Medvedev) en el Eliseo con un estrechísimo y largo vestido azul (Roland Mouren) sin espacio para sujetadores ni bragas. Bruni marcó tetas, culo, cadera y críticas en la prensa del corazón por no llevar ropa interior. Hermosa. Sarkozy posa disimuladamente una mano sobre una de las nalgas envueltas en seda de la Bruni. El oficio no se olvida nunca (ninguno de los dos, aunque creo que desde que la Bruni va sin bragas a Sarko le va a peor en política: hasta el PS le gana elecciones). La envidia causa estragos. Mentalidad estrecha y victoriana que no ve más allá de las narices. O de unas tetas. Luego vislumbro cerca -en la misma prensa: cuánta frivolidad en Le Monde! Voy a volver a leer Libération- los pechos desnudos bajo unas transparencias de Laetitia Casta en los Premios Cesar. La adoro. Francia es otra cosa: Laetitia ha puesto cara al busto de la République -Marianne- como antes lo hicieron las Bardot, Mathieu, Deneuve o De la Fressange.

Me acomete el deseo de desnudarme mientras preparo la maleta. Pienso en Roma. Recuerdo el sueño. Me reprimo. Aprieto el cinturón del albornoz. Busco las bragas más castas de mi cajón y las dejo sobre la cama junto al resto de la ropa -pantalones- que me pondré mañana. Ay.