Mostrando entradas con la etiqueta Monterrey. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Monterrey. Mostrar todas las entradas

28 may 2009

Cinderella, she seems so easy...

El sexo fresco y carnal de mi prima Hélena. Eran días felices. El frescor detenido de las estancias del lado de la sombra y las altas camas metálicas. Ella pujaba por librarme del traje de baño y yo sentía esa sensación entre sedosa y resbaladiza del cuerpo recién salido del agua de la alberca al tiempo que el contacto de mi culo contra la pared encalada: quién sabe por qué trataba de resistirme. Sombra enredada de los rayos de sol colados por el esparto espeso de la estera y enmadejada de carcajadas infantiles acalladas, brillo en los ojos y resplandecientes sonrisas blancas. Al revolverme ví la huella de mis nalgas mojadas que quedaba en la pared, dos círculos leves: era normalmente un juego a lo largo de la galería, ahora una huella de un combate recién iniciado, apenas incitado. Yo no me atrevía ya a nada, desarmada, acalorada, con temor a quién nos descubriera y a punto de chillar en el momento en que, desnuda de cintura a abajo, una mano de Hélena se deslizó entre mis muslos y la otra se posó tapando mis labios. Un sobresalto en el vientre y la sensación de que todo dentro de mi cuerpo se recolocaba en una convulsión agradable. A la mano de la boca la siguieron unos labios y el entrechocar ingenuo de dientes. Vi el momento detenido en la luna del espejo del armario justo cuando rodamos sobre el colchón de sonido muelle. Verano y baldosas frías bajo los pies, cuerpos delgados y pieles blancas, agua azul en la alberca a cambio de ausencias. Gotas de agua, resbalando desde las puntas del cabello, que morían brillando sobre la piel de la espalda, escalofrío acurrucadas bajo la toalla común ayer. Risas y complicidad. Como cada temporada de estío. Hoy Hélena susurraba y con una mueca dulce de deseo en sus labios me pide dejarme hacer y la siento descender entre la cara interna de mis muslos, el contraste de sus mejillas calientes y mi piel fría, y deslizarse su lengua. Nudos definitivamente desanudados y silencio expectante. De regreso ahora a ella, ante mis ojos sus labios tan carnosos y desnudos. Dentro, pétalos leves y un laberinto de pliegues. Me extravío en un viaje de fuera a dentro. No se si sabré regresar. Placer de hacer sentir…

Por la tarde, desembalando. Álbumes de fotos. Verano del 97. Monterrey. El rostro sonriente de Hélena mejilla con mejilla con el mío. Al fondo, enmarcada de arizónicas, la pileta. El resto, en la cabeza. Todo tan nítido. Y un agradable pudor al recordar. Hace tanto que no nos vemos... Camille sortea cajas de mudanza tratando de ayudarme, los pantalones remangados por la rodilla y una camisa anudada sobre el ombligo. Descalza. Y cuando me ve sonriendo ante la foto me pregunta:
-¿Quién es?
-Mi prima hermana Hélena, hija de mi tía Alessandra. Eramos, la verdad, como hermanas. Pasábamos días enteros juntas. Prácticamente la infancia...
-¿Y ya no os veis?
-Hace mucho tiempo que no... Ella vive en Monterrey. Casi 10 años... Su hija ya debe tener tres.

Sonríe con los ojos y me dice: tiene una cara tan bonita, parece una Cenicienta de los cuentos de niños... Qué pena que ya no os veáis, ¿verdad? Sí, la verdad, Camille, una pena...

Otra caja, más libros. Buff...