5 may 2011

It´s better to burn out than to fade away (Right between the eyes, / baby, point blank)

Miles de jóvenes invaden las calles desordenadamente en la pantalla: aúllan, agitan banderas, brazos, sostienen entre las manos carteles, los automóviles cruzan la multitud con personas que gesticulan y gritan de modo exagerado con medio cuerpo fuera de las ventanillas. Se agolpan en diferentes plazas de diferentes ciudades. Celebran algo. No presto demasiada atención hasta que me fijo que las banderas que agitan son norteamericanas y no las queman. Tampoco disparan al aire -con lo que les gustan las pistolas- y el fondo del escenario es cuidado, no son edificios rijosos con tejados de uralita sino vidrio, acero y escaparates repletos. Es Washington -ante la Casa Blanca- o una multitud en Nueva York -Times Square o Zona cero-. No Cairo, Rabat o Saná. Celebran el asesinato extrajudicial -un certero disparo right between the eyes, point blank...- de un asesino. Así es la democracia. Vivo o muerto, la ley del Oeste. A tooth for a tooth and an eye for an eye. Con el patrocinio de un premio nobel de la paz.

Irina está sentada en el sofá detrás de mí. Baja el libro que lee y mira la pantalla. Me dice: es el capitalismo certificando que toma posesión de los nuevos mercados que abre en oriente y el norte de África -a través de la revolución (sic)-. Pero Ben Laden debe llevar muerto desde diciembre de 2001. No sé que nos cuentan ahora de cadáveres sepultados en el mar. Mitología de nueva planta. Obama -comandante en jefe de EE.UU.- ha completado su lírica discursiva con una ráfaga de historia épica. La máquina de los sueños. Pero... ¿qué cambia ahora que Laden esté vivo o muerto? Miro a Irina mientras habla, grave, con su acento ruso en francés. Sentada, en bragas y camiseta. Estoy en un amor fou, muy fou! Loco, loco.

Tobías es delgado, muy blanco, barba de profeta y cabello recogido con una cinta. En París, una primavera maravillosa. Cuando empezó a trabajar en el diario me fijé en él. A los días cruzamos los ojos y el deseo, hace poco menos un mes decidimos comenzar a hacer realidad y deseo. Aparentemente no brilla en él ninguna de las virtudes bíblicas asociadas a su nombre: sus dedos nudosos se enredan en mi piel y mi ropa fácilmente, su barba rojiza roza mi mejilla como el aire se enreda en mi cabello, la cercanía dulce de su aliento llega hasta mis labios con sus palabras; pero sí su deliciosa y virginal Sara, inteligente, valiente, bonita, siete veces casada, siete veces viuda en el lecho de follar. Aquí Sara es Caroline/Irina: ángel blanco y nada virginal.

La disculpa de Tobías era una fiesta de l'Université Paris-Dauphine antes de la semana de Pascua. No digo que no. Quedamos en Pont des Arts. Y allí apareció con su Sara: Caroline, es su chica. Estudia en la Dauphine. Inmediatamente pensé: este tío es un estúpido, ¿por qué viene con una tía?. Inmediatamente borré mi pensamiento y me fijé bien en Caroline hasta que llegamos al XVIe.: alta y delgada, cabello rubio recogido en trenzas, el cuello largo. Una chaqueta corta de cuero atada con cintas. Calcetines hasta las rodillas por encima de las medias. Expresión tímida -la timidez, dice Spinoza, es una emoción que uno ha de superar: ella había tomado buena nota- y un descaro en sus maneras espectacular. Bebió como beben los rusos. Enredó sus miembros con los míos y deslizó sus dedos entre mis pliegues por encima de la ropa de la que yo me quería desprender ya. Tenía la impresión de volar con la velocidad de quien quiere encontrarse con su destino.

Aquella primera noche... Al final de la primera noche estábamos en mi apartamento Tobías y su novia. Yo. Hemos bebido y fumado. Estoy confundida pero ya se que a mí me gusta su novia. Y que Tobías es un tío del curro. Y que a mí no me gustaría que me levantara la novia otra tía del curro. Pero ella es como un cielo: flor delicada de invernadero capaz de desintegrarse. Pero también una ruina: está loca y yo chalada. Es rara. Nunca sabes lo que piensa ni cómo va a reaccionar. Desbarramos toda la noche, unas horas antes nos mirábamos con urgencia secreta y ahora estábamos desnudándonos entre risas para tratar de dormir. Nos acomodamos -parece azar y no lo es- ella y yo en la cama, Tobías en el sofá. Yo ya no quiero que él me folle -es un capullo- y menos delante de ella. Y mientras él duerme, ella va a refugiar su mano entre mis muslos. Y todo fluyó.. ¿cómo decirlo? Todo fluyó con resbaladiza y silenciosa suavidad. Le susurro al oído Irina, Irina -desde el principio he entendido mal su nombre y no he dejado de llamarla así, no voy a hacerlo ahora, volada de maría y a punto de correrme en sus dedos- al tiempo que oigo la letanía de la respiración de Tobías desde el sofá. No sé por qué lo cuento ahora. Irina es rusa y al correrme me ahogué en sus ojos transparentes y grises y me refugié en sus labios -se movían como en una oración- que dejaban rodar en la almohada junto a los míos un leve tais-toi!, tais-toi!... en francés con acento ruso. Tan delicioso, tan delicioso... Mi cuerpo tembló de un lado a otro.

Por la mañana el sofá está vacío. Caroline/Irina de espaldas desnuda haciendo café. Yo vuelvo a olerme los dedos. Ella también estuvo ahí.

Un mes después es cuando -este lunes- Irina sostiene ante las noticias del televisor que deberíamos estar celebrando, en realidad, el décimo aniversario de la muerte -la segunda muerte- del autor de las imágenes más dramáticamente bellas que he visto nunca: los aviones adentrándose en el vientre de los rascacielos recortados en un cielo hermosamente azul. Tortura. Ejecución a sangre fría. Pienso en cuántos ADNs dijeron que el ejecutado no era él; mala suerte, tal vez el próximo. La prepotencia del imperio revolviéndose como el rabo de una lagartija por no querer dejar de serlo. El premio del dinamitero y la sombra de las manos del premiado manchadas de sangre y pólvora. El terrorismo derrotado con terrorismo. Mientras celebran unos la muerte y otros anuncian en venganza tormenta nuclear, retiro el libro de las manos de Irina. Le digo que tenemos poco tiempo y que debemos aprovechar antes de que un comando Seal entre por la ventana o arrecie la tormenta.

30 mar 2011

Mourir pour des idées, c'est bien beau mais lesquelles?

Ayer bebí: me deslicé por la senda de las perdedoras. Creí atrapar un corazón con los dedos (a veces tengo esas debilidades) y al llegar a casa la mano me olía a sexo (sólo le había hecho una paja a alguien). Volví sola. Ahora me sorprenden las horas amaneciendo, pasando la yema del dedo sobre la cicatriz de la mano. Amanece el cielo, el día, amanezco yo. Me he sentido extraña los últimos meses: como si tuviera dentro una filtración que comunicara mi razón y mis vísceras y mi comportamiento racional se viera amenazado por la visceralidad, por esa estúpida atribución emocional que le damos al corazón o al hígado. Todo se materializa al revés: dentro de mí todo funciona de modo medido hasta llegar a la cabeza y, una vez ahí, todo se desafora: pienso incesantemente, a impulsos y borbotones. Me gustaría descansar. Apenas duermo, y querría conciliar el sueño tendida en el lecho, enredada en sábanas y sueños suaves. Esta mañana -después de ayer- me he sentido heterónima de mí misma. Nada grave. Sólo siento que soy personas diferentes cuando hago cada cosa diferente a lo largo de las horas del día. Y los días son míos. Grave no, extraño.

Últimamente: me he teñido el pelo del mismo color de mis pensamientos; me aprietan los zapatos y me descalzo; he subido al hielo -debajo del hielo hay tierra, debajo ceniza: la vida dura 12 asaltos y una cuenta atrás- y he resbalado; me apunto a un curso de cocina (estoy harta de comer sémola instantánea, muesli y lechuga -ya no soy vegetariana-); me siento -culpable- al borde de la cama y doy forma a un pensamiento, el pensamiento se me olvida, anoto el siguiente pensamiento; he vendido la moto; miro mapas para viajar a finales del mes de abril (Egipto, Túnez, Argelia, Yemen, Libia... ¿donde? Sólo me siento a gusto cuando estoy cerca de la incertidumbre y la inestabilidad ajena; Japón, no: me dan demasiado miedo); leo a Dostoievski, escucho compulsivamente a Beethoven, intento meditar (no me sale: no sé no pensar, acaso sólo pensar en cosas banales) y me aburre el yoga; ayer crucé sobre el Sena y lancé una botella con un mensaje: que le den por el culo al mundo, el mensaje iba escrito en el resguardo de la tintorería, y luego me costó trabajo recuperar mi chaqueta de terciopelo negro; me arrepentí del color del pelo y volví al color anterior, que es el de mis derrotes: los pensamientos cambiaron, lo constaté leyendo lo escrito; compro zapatos: sin moto caminaré más; la cocinera es italiana, gorda, rubia, bella, deja su gorro alto y blanco sobre la mesa y me aúpa para ayudarme (es manipuladora de alimentos) a acomodar el culo desnudo sobre el obrador de mármol blanco, lo noto frío... los labios calientes; el deshielo es un cambio de estado semejante al de ánimo: en un momento fluyen los pensamientos como agua; el otro día hubo un asomo de primavera en el cielo y comencé a vaciar cajones llenos de ropas ligeras y de tejidos finos: en ocasiones apenas puedo resistir el impulso de desnudarme y salir a correr por la calle, aunque el termómetro dice que esa primavera tiene sol pero apenas 9º C, sosiego mi impulso. No se si la vida debería quedar dispensada de la precisión. La mente no. Fingimos verdad, existencia e identidad. Luego, somos otros. Desconocemos el ortónimo. El mío no tiene la más mínima ética; es amoral, si no positivamente inmoral. La mano, la huelo otra vez.

Por la mañana. Fumo droga y me siento delante de la TV. Me gusta esta experiencia, porque me permite reflexionar mejor. Escucho algo que me interesa: en 1973, cuando Truffaut estrenó La nuit américaine, recibió una carta de Godard para criticar ferozmente su trabajo: ayer vi La noche americana y, como probablemente nadie va a acusarte de mentiroso, lo haré yo... Truffaut, en respuesta, dispara contra Godard : Todas tus consignas y tu preocupación por las masas han sido siempre puramente teóricas. En realidad, nadie te importa salvo tú mismo. No sólo eres un falso sino además un narcisista, un elitista, la Ursula Andress de la militancia... Alboroto de burdel. Truffaut continúa: ...las películas son más armoniosas que la vida... No hay atascos, no hay tiempos muertos. Las películas avanzan como los trenes, ¿lo comprendes?, igual que los trenes en la noche. Y Godard añade en voz alta sus pensamientos: en ese viaje nocturno es importante conocer a quien conduce nuestro tren en la oscuridad, en el vagón de qué clase vamos sentados, si vamos en el Transiberiano o en un mercancías, si nuestra estación término es Venecia o Auschwitz. Una visión intencionadamente blanda del cine. Visión intencionadamente blanda de la vida. Truffaut alejándose -como casi todos- de sus raíces sociales. Godard, de origen burgués y protestante, radical, marxista a veces, ultracrítico, irascible, deviene en hombre incorruptible.

Cuando termino de entender esto, me intereso por lo que veo. Es un documental que se titula Deux de la vague (2010, Antoine de Baecque). Adoro el cine, he visto mil noches de desvelo La peau douce, Les quatre cents coups, Baisers volés, Jules et Jim, La nuit américaine... las he visto sola, acompañada de mi padre, acompañada de quien ni recuerdo, recuerdo que las veía con Laura en Barcelona y la describía lo que aparecía en la pantalla en b/n y que ella imaginaba en color. Cuando alguien es ciego de nacimiento no es capaz de imaginar la diferencia entre el color y el b/n. Para mí sí: determinados sonidos y diálogos son diferentes si se acompañan de color o forman parte de la escala de grises. Mi padre decía que parte de su pasado lo evocaba en b/n y parte (desde los años '60) en color. No solo somos lo que fuimos, sino usualmente lo que recordamos. Y el recuerdo de nuestro pasado lo elaboramos con la materia prima de nuestras fotografías y la reelaboración permanente de evocaciones del pasado: (re)construimos nuestra historia. Deberíamos tener un recuerdo más científico y menos sentimental de nuestras vidas.

Regreso. El tren nocturno, a dónde nos conduce... Los países árabes son un reguero de kaláshnikov en manos del pueblo. Y no estoy nada segura de que ese pueblo -¡siempre con el pueblo!- sepa bien qué hacer con los AK47, porque en cuanto escuchan al muezzin lo dejan en el suelo y ponen el culo en pompa para rezar. Me cuesta distinguir los muertos -otros los diferencian muy bien- de Gaddafi de los de Moubarak, de los de Ben Alí, de los de Bachar el-Assad, de los de la OTAN en Afganistán o en la antigua Yugoslavia. No, no creo en Facebook ni en Twitter ni en el e-mail como revulsivo revolucionario. No se si internet democratiza o aliena, o a partes iguales. Es verdad que cualquier ciudadano hoy tiene más información a su alcance que un emperador a inicios del siglo XX. Otra cosa es que esa información se utilice para algo. Creo en las ideas y en el presente contrapuesto al pasado como punto de fuga del futuro. Desconfío de las explicaciones sencillas. Una sublevación popular contra el dictador con guardia amazónica de vírgenes que un día fue revolucionario nasserista e independentista, y aviones que hacen llover muerte cuando casi todo estaba perdido. A Siria no volarán bombas francesas y ya contamos a cientos los muertos. En Argelia o Marruecos ya no pasa nada. Yemen se incendia. Túnez y Egipto han tenido a dios de su lado los últimos 30 ó 40 años. Pero la democracia árabe es una incógnita. Ojalá ésta ni tenga a dios ni al mercado de su lado, aunque creo que EEUU quiere hacer transición de AK47 a M16 en algunos lugares.

Buff, a veces creo que tengo el cerebro lleno de metralla... Yo no soy yo.

3 feb 2011

Le Vel d´Hiv y el monte de venus

Acudo a las urgences adultes (00:08h, Hôpital de l'AP-HP Hôtel-Dieu, Ille de la Cité, 4éme arrondisement). Aunque Bernadette es enfermera -de consulta médica- queda aterrada por la sangre. Me he clavado en la mano un cuchillo mientras intentaba cortar el salmón. No me lo he clavado, sino que ahora una parte de la palma de mi mano se abre como debería haberse abierto el salmón. Los cuchillos japoneses los carga el diablo. Envolvemos la mano en un paño limpio de cocina, cruzamos el Sena.

Hôtel-Dieu es un hospital de urgencias policiales y médico-judiciales. Mientras esperamos pasan delante de mí putas y otros expertos en menudeo ilícito esposados o acompañados de gendarmes. Un magrebí más alto y delgado de lo que hubiera podido imaginar entra sujeto por esposas a dos policías y, por lo que logro distinguir de los gritos y la sangre, con un disparo en un hombro. Lumpen en general con todo tipo de lesiones. Algunos salen del calabozo de la vecina prefectura porque han ingerido llaves, cuchillas u otro tipo de objeto de difícil digestión. También hay algunos otros accidentados normales, como yo. Seguro que había 10 ó 20 hospitales públicos más agradables que este o clínicas privadas hasta elegantes. Pero Bernadette me trae aquí.

Ocho puntos de sutura en el monte de marte, o región tenar. Junto al monte de venus. Debió extrañarme porque la enfermera -Dominique Zbiss dice la tarjeta plastificada que lleva sobre el pecho- me miró mientras cosía y con una sonrisa me aclaró que hay más de un monte de venus en nuestros cuerpos. Y, a menudo, en conexión anatómica. Sonrío a pesar del dolor. Me pasa una mano cálida -tiene la palma más clara que su anverso, como recuerdo la de Mona- por la mejilla y me dice que no tenga miedo. Tiemblo. Pienso que tiene razón. Dominique me cuenta -para distraer mi atención- que es de origen tunecino: el cabello muy negro, la nariz ancha, los ojos marrón caramelo, la piel canela bajo la bata blanca de enfermera, y que llegó a París hace 10 años a estudiar enfermería.

Me dice que las mujeres tunecinas han jugado un papel importante en lo que sucede hoy en la calle en su país: primera línea. Y las autoridades han acusado a estas mujeres llenas de libertad por dentro de ser -literalmente- putas sodomitas. Incluso han manipulado toscamente videos pornográficos poniendo en ellos sus rostros y enviándolos a sus familias. Me cuesta creerlo, pero lo leo después en los diarios. Nada nuevo para ellas: llevan años tratando de desenmascarar una dictadura -en Europa nadie piensa que en Túnez hubiera una dictadura- vestida de aparente normalidad: clases medias, turismo, desarrollo económico... Ahora el mundo se escandaliza como el prefecto Renault en Casablanca: ¡qué escándalo, He descubierto que aquí se juega, porque en Túnez quieren quedarse los del anterior régimen en el nuevo gobierno de la supuesta democracia -¿donde pasó eso antes... en España quizá?-. Mientras la policía confraterniza con el pueblo y se hacen puzzles con ministros sin contaminar, van más de 200 muertos. No, no hay dictadura. La democracia y los Derechos Humanos están en el centro de todo: Estos son nuestros valores y creemos que deben ser respetados por las autoridades, se dice por aquí. Por eso mantenemos relaciones diplomáticas, económicas, institucionales y políticas con ellos. ¿no?

Sin apreciar arrepentimiento alguno -todo lo vemos desde la pantalla, emocionalmente ausentes ya- y casi con otros 200 muertos en las calles, escucho que Israel apoya a Mubarak -qué importa el pueblo...- y que la UE no quiere que se hunda Egipto -...si lo que nos importa es la economía: cuidado con los petrodólares-. Oligarcas que explotan a estos pueblos con el apoyo de Occidente. ¿Nadie recuerda al joven piloto de combate instruído en Frunze, la actual Biskek, capital de Kirguistán, entonces república de la URSS, aliado de Siria y que sucedió a el-Sadat, a Nasser? Internet, dicen, es un reguero de pólvora que arde, es la democratización de la información (los periodistas se han acomodado a la mentira, amordazados pero dentro del juego, de estos países teocráticos). Los tanques -allí no son verdes como aquí, sino del color de la arena del desierto: el mundo no es global, ni redondo...- no disparan de momento. Ahora Marruecos: Tánger y Fez. Yemen. Argelia... Turquía da lecciones de democracia. Pero hay que levantar la alfombra de las redes sociales y el facebook para darse cuenta de que debajo sigue la brecha social, el hambre, la explotación infantil, los médicos a 100 dólares/mes, la miseria sin dignidad, centro y periferia. ¿Cuando se acabe la periferia?

De Egipto a París (Francia ausente). El gris no es la democracia en el totalitarismo del blanco y del negro. Verano del 42. Decía por ahí que las pasadas vacaciones leí: Dora Bruder, Modiano; Suite Française, Nemirovsky; Velódromo de invierno, Salabert. Hace unos días vi en cine Elle s'appelait Sarah, sobre el libro de Tatiana de Rosnay, y La Rafle. Mientras aquel verano del 42 la burguesía francesa colmaba las terrazas de París escasa de moral -no desanimada, sino inmoral-, se trabajaba duro en el Lago Wansee: 1942. Eichmann. Endlösung der Judenfrage. Sección IVB4, Gestapo. Francia: la orden se trasladó a la policía francesa, que se afanó en perfeccionar la redada con 9.000 gendarmes. Beneplácito de Vichy: Trabajo, Familia, Patria... pero nada de judíos. 13.000 arrestados. Le Vel d´Hiv, derruido en 1958. Sobre su solar se levanta hoy la sede del Ministerio del Interior de la República Francesa. No hay hoy ninguna -ninguna- calle en Francia con el nombre del héroe de Verdún: Petain. Al terminar la guerra fue condenado a muerte; conmutada la pena a prisión perpetua -las cadenas con grilletes ya habían desaparecido-, degradación y estigma de traidor a la patria. Hasta los ochenta los libros de texto no dijeron nada de los miles (4.000 niños) de franceses judíos deportados y muertos. Seguimos mirando a otro lado. Los de hoy tampoco hablan de Argelia, Túnez, Yemen, Marruecos, Libia, Egipto...

Los puntos ya se han caído. Y Jacques se parece al joven Belmondo de À bout de souffle. Pero a mitad de la segunda escapada se desinfla y tengo que acabar yo sola, monte de venus con monte de venus. Recuerdo a Dominique mientras me corro. Él se disculpa. Gana dinero donando esperma (60 pavos cada paja, 3 veces por semana, dos días de abstinencia antes de cada donación, 720 al mes). Era el domingo, su día de descanso.

30 nov 2010

...Just like a woman

Me llamo Eva y soy la primera mujer. Una putada: porque sé que me quieren el eslabón débil de la cadena. Por eso la manzana: por venganza. Yo no quería ser hueso de sus huesos ni carne de su carne. Por la posesión. Porque sé que me sentiré agredida, querida, violada, hecha cosa y despreciada, amada por mi piel y odiada por mi pensamiento. Me llamo Eva y pariré con dolor, seré maldita, espina, cardo, polvo, sudor, madre y dominada. Me pintaré mi cara y mutilaré algunas partes de mi cuerpo para estar hermosa, para ellos -sujetos a nuestro deseo-, para ellas. Otras veces me mutilarán y me extirparán la potencialidad del placer. No sirve poder sentir placer y libertad cuando existe la opción del dolor y el sometimiento. La serpiente, maldita sea -ya sé-, me dijo: morir no morirás, sólo que conocerás el bien y el mal. Extraño fruto: sangre en las hojas y sangre en su raiz. Mujer traficada, sexo comprado, vida vendida.

Me llamo Eva y soy la primera mujer. Y me jode haberlo sido: por ser la primera, por pensar que lo hacía bien, por plegarme a los sentimientos, a su deseo, a él, al papel de género más allá del de mi sexo. Como al narcisismo masculino le jodió que Copérnico dijera que la tierra no era el centro del universo, que Darwin demostrara que el hombre era producto de la evolución o Freud pensara que la psiqué racional depende tantas veces del inconsciente.

Eva, la primera mujer. Humillada. Expulsada. Ofendida. Joder, un momento... Echo unas páginas atrás y leo que dios creó antes a otra. Lilith era su nombre: en realidad ella fue primera. Qué puta: y la creó igual que había creado a Adán, salvo que en lugar de polvo puro utilizó inmundicia y lodo. Nada de despojos, costillas y carne de su carne. Lilith: el sexto día de la creación el capullo de dios -Génesis Rabba, midrás sobre el Génesis- aún no había pensado en Eva y ya tenía en la cabeza que el hombre pusiera nombre a los animales; y éste, que ya había copulado con todas las hembras de todas la especies por turno sin haber obtenido satisfacción en el acto, gritó a dios: "¡Todas las criaturas tienen la pareja adecuada menos yo!". Después, con mejor tono, rogó a dios que remediara la injusticia.

Entonces -dice la Cabala- Yahvéh formó a Lilith -¿En qué lugar quedo yo, Eva?-, la primera mujer. En realidad un demonio de hembra que se entregó a la lujuria y que no quería follar con Adán pasivamente -hombre aburrido que sólo demandaba la position du missionaire, conflicto de relacíon de poder típico de sociedades en las que la mujer es un mueble-, sino ser ella la que le montara cuando le viniera en gana: "¿Por qué he de acostarme debajo de tí?: Yo también fui hecha con polvo", joder: yo quiero follar, no hacer el amor... Y mientras él se quejaba al creador, ella se largó del paraiso dando un estrepitoso portazo: ningún sonido sale jamás tras de las puertas del Edén. Inquieta, rebelde, lasciva, raza de genios, ramera, amiga de los demonios, beneficiaria del sexo extraconyugal, seducción como arma, súcuba, Lilith, Lilitú: mujer libre e igual.

Yo, Eva, ahora soy la metáfora de la subyugación, del sometimiento: calla, habla, escóndete, sal, ríe, llora, corre, para, folla, a mi lado, quieta. El itinerario, la huida de Lilith/nómada es la sublimación de la rebeldía frente al miedo y el sometimiento: no perecer en vida. Perder para ganar. Las personas son buenas cuando tienen miedo, cuando no tienen miedo pueden ser cualquier cosa. Mujer 2.0.

A mí una vez -¿cuándo ya?- me cubrió la piel el manto cálido del ala de un ángel que había perdido la belleza interior. Bajaba, me dijo, para beberla de mis labios y quise creerle. Los ángeles no tienen sexo, pensé confiada aunque desilusionada a la vez. Vaya que sí: tienen sexo. O era el rozar de las alas. No lo sé. Y remontó el vuelo. Yo no sé qué bebió de mí. Sí que la sed que me sació a veces la sueño y en sueños derramo parte de ese placer recóndito. Lilith..!

19 oct 2010

Something is burning, baby, something's in flames

No se la razón -porque ha de ser algo que tenga que ver con la razón- pero nunca ha salido de mi cabeza. Con ella sí que tengo, tuve, creo que tendré siempre una dependencia afectiva.

Llevó 10 días viviendo en un hotel en mi propia ciudad.

Y fue en un hotel -otro tiempo, otro lugar- donde llegué a aquel borde del abismo con ella. Laura.

Tengo otra vez música: Serge me ha prestado unos altavoces para mi iPod. Oscar Peterson. Aunque no lo soporto. Hacía 5 días que sólo escuchaba música dentro de la cabeza. Hotel, café y música por la mañana. Y salir de la habitación sin recoger. Un sueño. Entonces, en Barcelona, ella se ocupaba de todo eso.

Fue un instante, o debió serlo. Apenas el tiempo de quitarle a Anne-Sophie Marie las bragas. O quizá algo más: el tiempo que se tarda en conseguir llegar hasta las bragas y después quitarlas -me gusta mucho el momento de quitarlas; suelo precipitarme-. El humo lo empezó a invadir todo y las dos miramos perplejas desde el sofá hacia la cocina. Vivo en un espacio diáfano. Ella con las piernas abiertas y sin bragas. Yo con ellas y volviendo hacia atrás la cara entre sus piernas abiertas.

El amor nada ve con claridad, todo lo ve con los ojos de un ciego... Laura era (es) ciega. Nos amábamos tan tiernamente; confiada, sabiendo bien que sus ojos no podían cruzarse con los míos, mirando su rostro que ella no podía ver -¿soy guapa?-. Yo sentía belleza donde ella no podía, donde ella era ausencia. A ella le quemaban los ojos de tanto adivinar la mía. No dejaba que se diera cuenta de cómo yo lo sentía, pero permitía que sus dedos se humedecieran en mis lágrimas mientras buscaba en el resto de mi cuerpo las formas de mi belleza... Aún cuando sonreía, yo sentía todo su desasosiego. Un hotel de Barcelona. Mi última noche con laura.

Cosas que suelen hacerse en una habitación de hotel: robar el albornoz, beberse el minibar, ver porno y masturbarse, follar -en los hoteles siempre entran ganas de follar-, orinar en el bidé, fumar, fumar porros hasta caerse, vestirse, desnudarse, mirar por la ventana desnuda, llenar la bañera y darse un baño caliente -de espuma-, tumbarse en la cama -también desnuda- a leer, pensar quién estará en la habitación de al lado y si estará haciendo lo mismo que tú -cuando te estás masturbando-, pedir que te suban la cena. Fiesta con amigos. Quejas. En los hoteles los pasillos son siempre impersonales y huelen a tabaco y jabón de ducha; extraños cuartos con olor a arena de playa seca y cemento sin fraguar.

Anne-Sophie Marie no es felina. Es loba. Y defiende su territorio. Esta noche, nueve noches después del incendio, regresa por el hotel. Le falta la parte de arriba de la oreja derecha. Lleva muchos puntos de sutura negros como bichitos. Me dice que se ha peleado mientras el viento suena de una manera especial a su alrededor. La miro con cierta admiración pero, sobre todo, con dolor. A mí el dolor físico me acobarda. Pienso que hay rostros de ángel en cuerpos de demonio. Voces dulces que hablan palabras graves. Esto es Anne-Sophie: tels les loups à la bête qu'ils n'ont pas tuée. Trae whisky y maría.

El hotel es el Hotel Les Ribes de Notre Dame, en el Quai de St. Michel: el hotel de au bout de souffle. Pienso en hoteles. El Ritz aquí en París (su bar Hemingway). Waldorf Astoria, NY. Negresco, Niza. The Carlyle, NY (donde Marilyn le quitada a JFK los dolores de espalda follándoselo; los analgésicos los tomó todos ella). Hotel des Bains, Venecia. Hotel Watergate, Washington. Hotel Chelsea (restregaron sus babas en la barra de su bar Dylan Thomas, el otro, Cohen, Vicious -que después aprovechó para matar a su novia Nancy en la habitación-, Ginsberg, Kerouac... Hoteles urbanos y rurales, de estación o aeropuerto, familiares, de famosos o de putas, Cinco estrellas o pensiones con toallas que han pasado por mil coños.

Anne-Sophie se recomponía -bragas- mientras yo llamaba a los bomberos. Dos jóvenes medio desnudas saliendo airosas por la ventana del sexto piso de la Place Joachim du Bellay en brazos de los bomberos siempre es un espectáculo. Dentro, mis cosas, cenizas y el deseo interrumpido en un sillón empapado en agua. Es la segunda vez que me protege un bombero con su pesado abrigo impermeable (http://andthereisnotimetothink.blogspot.com/2009/10/but-whats-sense-of-changing-horses-in.html) desde que vivo en París. En la cocina, la olla de spaghetti carbonizada que sigo sin recordar.

Entre tanto, arde París. O Francia, no se bien. Si la combustión es una reacción química entre el oxígeno y un material oxidable, acompañada de desprendimiento de energía y que habitualmente se manifiesta por incandescencia o llama, Sarko es el material oxidable a falta de gasolina. La Vespa, aparcada. La calle, para la gente (oxígeno). Miro perpleja a un lado y otro del Pirineo. Francia me sigue pareciendo otro lugar.

Olvido con el lobo.