16 abr. 2008

Ella se ha comprado un coche

Se que no es lo mejor para comenzar: hablar de una misma. O quizá sí. Pero voy a comenzar por ese lugar. O sea, hablo de otros para decirme un poco yo. Será por eso que mi psiquiatra un día me recetó neurosis y narcisismo. O no.

Desde hace poco más de dos meses descendemos en su Vespa Champs-Élysées -la dirección es la contraria a la corriente del Sena- desde Étoile hacia Rue Rivoli. Desde Rue Balzac me lloran los ojos del viento y el frío. A la altura de Franklin D. Roosevelt, aunque yo agazapada tras de ella, ella delante de mí, el frío me cala más allá de los huesos. Sólo recupero el calor recordándola ya en el metro hasta Rambuteau. La conocí ahí donde está, donde la sigo viendo. Según vea su cara desde una perspectiva u otra me parece hermosa o mejor. Ojos achinados: la courbe de tes yeux fait le tour de mon coeur. Según desde qué parte de su pensamiento lo haga, inteligente o más. No necesita sonreir con la boca para saberse que lo hace. Según como se acerca, como me rodea o envuelve su halo, conocer su deseo. Misterio en forma de mujer. Mujer desnuda con la forma de las Olympias de Modigliani. París es nuestro...

Comprender y abandonarse de modo celestial. O no comprender y deber volver a comenzar... Y ¿por dónde? En mi vida sucede todo hoy como con la lectura. Confundidas ya las referencias en mi cabeza, abandonado el pasado, extraviada dentro del vientre perdido de la civilización, trato de fluir hacia un punto muerto. Para después comenzar siguiendo las huellas de aquello ya leído y digerido, de aquello aún en la mesa de novedades y pendiente de leer. La lectura –opio que nos traslada- ni nos salva ni nos hace sabios, pero sin ella nos hundimos: muerte en vida. Con ella volvemos a lo que es nuestro, allá donde estemos, jactándonos de lo leído aunque no podamos sentir el orgullo de haberlo escrito.

Con ella, me sucede lo mismo. Me alimenta, me jacto de ella, sostiene con su mirada la mía y me levanta del suelo. La releo y me veo a mí. Pero esta mañana... Esta mañana me ha dicho que ha comprado un coche, que era la última mañana en bajar con las lágrimas en los ojos los Champs Élysees, que ya no habría más tardes pegada a su espalda camino de Montparnasse/Coupole, ni volveríamos a atravesar los puentes del Sena, ni a dejar sobre la acera la vespa color crema delante del Rostand, ni regresar de cenar cosher de Chez Marianne en el Marais... ¡Un coche! Su primera inversión tras su primer salario digno. Ya no sobrevivimos. El capitalismo causa estragos de pareja. Un flamante mini. Y esta tarde hemos ido juntas a recogerlo a algún lugar que yo desconocía de la periferia de París. Negro y brillante. Elitista y frío. Objeto de deseo y distinción. Innecesario. Incompatible con nuestros 40 metros cuadrados de buhardilla con vistas a París y nuestras pieles desnudas rozándose mientras dormimos. Y, mientras tanto, sin idea acerca de dónde escapar en vacaciones. ¿Vendrá el coche con nosotras? ¿Y que hago yo con mi casco?

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Señorita solitaria: me parece que no haces un guiño a distancia, sino que buscas aliento para reafirmarte

Más claro, agua dijo...

Vengo del blog de Beta. Me gusta tu blog. Si me lo permites, volveré a visitarte ;-)

Angela dijo...

También yo te encontré en el blog de Beta. Me enamoré del puño de tu letra hace ya meses, pero se sobrelleva. No te deshagas del casco, por si acaso. Entrégate al máximo.

Anónimo dijo...

¿Y ahora, despues de haberte leido,
como me despido yo de estas ganas de seguirte leyendo?
Me gusta leer, tambien escribir.
Lo primero lo hago tan bien que me entrego como si fuera todos los personajes a la vez, lo segundo es tan cutre mi escribir que mejor me callo el dolor de no poder transmitir como solo lo saben hacer los verdaderos escritores de casta como siento que tu eres. Y lo mejor es que lo compartes con todos, como queriendo rodearte de otras soledades que necesariamente se buscan irremediablemente.
Ya te habia descubierto antes, pero no me atrevia a comentar, ahora si... por lo tanto que transmites a quien te lee.
m

Bellaluna dijo...

Anínimo m., lee y escribe, que alimenta el cuerpo y el espíritu, y escribe como te salga: mal, bien, regular, barroco o funcional... Sígueme leyendo en la medida en que escriba y sigue diciéndome en la medida en que te parezca. Esta era la primera entrada, han venido muchas después!

Te beso!