23 jul. 2010

TAKE TIME OFF: TAKEOFF...

Escribo estas líneas y dejo de pensar durante un mes. Desaparezco, cansada, dejo el alma a remojo, me descalzo y me salgo por un renglón torcido. Una hibernación de agosto, desnuda y con muerte cerebral.

Llevo unos pocos días reflexionando sobre la belleza. Pero no la belleza interior precisamente: empecé a darle vueltas cuando vi las tetas de Larissa Riquelme, un poco estrábicas, pero alegres, rotundas (las tetas de Larissa asimiladas al Cantar de los cantares y no a la maldición shakespeariana; las tetas son como el umbral placentero del tacto). La belleza nos seduce y nos aparta de la verdad: lo vanal...

Y ayer por la noche, alejándome en realidad del estimulo inicial, creo que concreté lo indefinido de mi pensamiento sobre esto en la idea -la belleza- y su incompatibilidad con determinadas cosas o conceptos. Me ayudó Pessoa: lo que vemos no es lo que vemos, es lo que somos. O sea, la belleza está en nuestros ojos, en nosotros; la belleza es la afirmación práctica de una diferencia inevitable. No es por casualidad que, cuando tiene que justificarse, se afirme de manera enteramente negativa, por medio del rechazo de otras bellezas -de lo feo- (en la Distinción Bourdieu dice algo así).

Entonces, acostada boca arriba, repasé mentalmente algunos fotogramas de belleza varados en mi cabeza y que, creo, han ido construyendo mi gusto. La arena triste de los circos, el aliento lento de las fieras, el aroma evocador de la albahaca, la sombra inquietante de los hombres, el tacto inverosímil del mercurio, la gravedad. Walt Whitman: Leaves of Grass. Baudelaire, Rimbaud, agua de enjuagues de muchachas amorosas de las baladas de François Villon -Je suis François et cela me pèse/Né à Paris près de Pontoise/Et de la corde d'une toise/Mon cou saura ce que mon cul pèse-, pedradas mortales en las tonsuras clericales, Gustave Courbet -L'origine du monde-, el erotómano Nicolas Emme Restif de la Bretonne -Nuit de Varennes-, la sobria dignidad de la palabra del ciudadano Robespierre, la pintura de Balthus -Alice dans le miroir, japonaise au miroir noir, nu avec chat, Thérèse rêvant...-, Pushkin, Oneguin, Georges Perec recordando, Sciascia dejando su huella de bronce en las aceras de Rocalmuto: giorno della civetta, conciertos mágicos de Carpentier, Rulfo, Gallegos... o Agota Kristof -Le Grand Cahier-, tantas extrañas cosas bellas más. Godard -A bout de soufle: ay, Seberg, ay Belmondo..., Bande à part-, Truffaut: Jules et Jim, La peau douce, Baisers volés, Kim Ki-Duk -Bom yeoreum gaeul gyeoul geurigo bom-, Mortal y rosa de Umbral, Steve McQueen, Otto Mueller, Harlem, George Grosz -o ser una de las dos mujeres de su autorretrato-, Otto Dix, Christian Schad -Zwei Maedchen, Halbakt, Operation, Selbstportraet...-, Cagnaccio di San Pietro -Dopo l'orgia-, los cuerpos tendidos, enlazados, extraños, corridos, perdidos en la vorágine de los sentidos, Helen Levitt, Miroslav Hak, los desnudos de Campden Hill de Bill Brandt, Bach -Clave, Concierto No.5 en in F Minor BWV 1056-, violinkoncert Beethoven, Wagner, Glenn Gould, Chesney Henry Baker Jr., -Oh, Chet, canta Funny Valentine mientras duermo y me acaricias el vientre, sueños de la razón-, Charlie Parker y Coltrane. Dylan, humo de libertad: But it’s not that way/I wasn’t born to lose you, y el zíngaro Reinhardt camino de la Camarge. Berlín: Alexanderplatz, Die Blechtrommel -el rostro pegado al pubis-, jüdischer friedhof, memorial soviético; París: Le Marais, Olympia de Manet, los pies de Mme. Récamier; NY -Upper east side, Greenwich, Patti Smith y el CBGB-; Londres -Nothing Hill, Covent Garden, mítico Roundhouse: destroy-; el color gris del mar en el Cabo Norte, verde de la laguna de Venecia -Venecia: Lido, Campo dei Mori, Ghetto-, azul del hielo del Perito Ruiz, los ojos de Picasso o de Bonnet/Kippelstein -Au revoir les enfants-, Coltrane -Soultrane: piano Garland-, Venus de Jean Fouquet, ciudad de Lucca, costa de Normandía soñando los acantilados de Dover. El manifiesto comunista, la nostalgia revolucionaria, sonrisas varadas en el malecón de La Habana, Yunnan, las carreteras tortuosas, las montañas vistas desde los aviones, champagne Pommery sin fresas ni bandeja de plata porque ella no quiso, la voz y la palabra como argumentos de la vida. La belleza -lujuria- del segudo circulo del Infierno de Dante: el torbellino incesante de esta necesaria soledad. De los cainitas, que honran a los perseguidos por el dios de los judíos: Caín, los habitantes de Sodoma y Gomorra; Voluptas, hija de Eros y Psiqué. Afrodita naciente del semen arrojado al mar por Urano. Qué hermosa pornografía mitológica. El vértigo del pasado verano al mirar el Pacífico desde Aguadulce semejante al de las 122 millas desde la costa de California -Highway 1-, a follar en la orilla de la Laguna de Canaima escuchando aún el agua de Salto del Ángel. París de cada día como el París ocupado de Patrick Modiano: la piel tersa de la juventud (café) perdida, dibujado por la mano de Tardí, la piel fría de la Venus de Milo o de Boticelli, buscando el retorno eterno a la seda de tus muslos. Follar sin que se te escape el amor, que es lo peor: belleza -placer- mutilada por la moral.

Belleza en el rostro de Shakine Mohammadí Ahstiani, iraní de 43 años, condenada a ser lapidada por adúltera, enterrada hasta el pecho y golpeada hasta la muerte con piedras que no sean tan grandes como para matarla de forma instantánea ni tan pequeñas que no le causen daño, tal como establece el código penal de la República Islámica. Triste el mundo que castiga por follar. Triste y doloroso, especialmente cuando los que castigan son quienes no follan. Cómo la consolaría tendida junto a ella.

Belleza es... quizá sentarme de nuevo a tu lado a conversar mientras cenamos, quizá posar las palmas de mi mano en tus mejillas -no se si lo haría-, quizá volver a sentir tu abrazo sincero, quizá pensar en lo que me has escrito (sería diferente si me lo hubieras dicho) que piensas, tratar de soñar contigo -ya te he soñado- o saber qué soy en tus sueños. Nos escribimos mucho y apenas nos vemos con los pies en la realidad, y ya un día me lo dijiste y te di la razón. Y volví a escribirte como una necesidad mía que no se si debes cargar tú por no encontrar el momento de poderte ver. Tu pensamiento es claro y a veces creo son mis razones las extraviadas. A veces -digo- nuestras palabras nos impiden hablar. Parecía imposible. Nuestras propias palabras...

Me marcho a Creta. En barco. Que vuestra navegación sea tranquila.

http://www.youtube.com/watch?v=1h1oRP7FfBw