30 nov. 2010

...Just like a woman

Me llamo Eva y soy la primera mujer. Una putada: porque sé que me quieren el eslabón débil de la cadena. Por eso la manzana: por venganza. Yo no quería ser hueso de sus huesos ni carne de su carne. Por la posesión. Porque sé que me sentiré agredida, querida, violada, hecha cosa y despreciada, amada por mi piel y odiada por mi pensamiento. Me llamo Eva y pariré con dolor, seré maldita, espina, cardo, polvo, sudor, madre y dominada. Me pintaré mi cara y mutilaré algunas partes de mi cuerpo para estar hermosa, para ellos -sujetos a nuestro deseo-, para ellas. Otras veces me mutilarán y me extirparán la potencialidad del placer. No sirve poder sentir placer y libertad cuando existe la opción del dolor y el sometimiento. La serpiente, maldita sea -ya sé-, me dijo: morir no morirás, sólo que conocerás el bien y el mal. Extraño fruto: sangre en las hojas y sangre en su raiz. Mujer traficada, sexo comprado, vida vendida.

Me llamo Eva y soy la primera mujer. Y me jode haberlo sido: por ser la primera, por pensar que lo hacía bien, por plegarme a los sentimientos, a su deseo, a él, al papel de género más allá del de mi sexo. Como al narcisismo masculino le jodió que Copérnico dijera que la tierra no era el centro del universo, que Darwin demostrara que el hombre era producto de la evolución o Freud pensara que la psiqué racional depende tantas veces del inconsciente.

Eva, la primera mujer. Humillada. Expulsada. Ofendida. Joder, un momento... Echo unas páginas atrás y leo que dios creó antes a otra. Lilith era su nombre: en realidad ella fue primera. Qué puta: y la creó igual que había creado a Adán, salvo que en lugar de polvo puro utilizó inmundicia y lodo. Nada de despojos, costillas y carne de su carne. Lilith: el sexto día de la creación el capullo de dios -Génesis Rabba, midrás sobre el Génesis- aún no había pensado en Eva y ya tenía en la cabeza que el hombre pusiera nombre a los animales; y éste, que ya había copulado con todas las hembras de todas la especies por turno sin haber obtenido satisfacción en el acto, gritó a dios: "¡Todas las criaturas tienen la pareja adecuada menos yo!". Después, con mejor tono, rogó a dios que remediara la injusticia.

Entonces -dice la Cabala- Yahvéh formó a Lilith -¿En qué lugar quedo yo, Eva?-, la primera mujer. En realidad un demonio de hembra que se entregó a la lujuria y que no quería follar con Adán pasivamente -hombre aburrido que sólo demandaba la position du missionaire, conflicto de relacíon de poder típico de sociedades en las que la mujer es un mueble-, sino ser ella la que le montara cuando le viniera en gana: "¿Por qué he de acostarme debajo de tí?: Yo también fui hecha con polvo", joder: yo quiero follar, no hacer el amor... Y mientras él se quejaba al creador, ella se largó del paraiso dando un estrepitoso portazo: ningún sonido sale jamás tras de las puertas del Edén. Inquieta, rebelde, lasciva, raza de genios, ramera, amiga de los demonios, beneficiaria del sexo extraconyugal, seducción como arma, súcuba, Lilith, Lilitú: mujer libre e igual.

Yo, Eva, ahora soy la metáfora de la subyugación, del sometimiento: calla, habla, escóndete, sal, ríe, llora, corre, para, folla, a mi lado, quieta. El itinerario, la huida de Lilith/nómada es la sublimación de la rebeldía frente al miedo y el sometimiento: no perecer en vida. Perder para ganar. Las personas son buenas cuando tienen miedo, cuando no tienen miedo pueden ser cualquier cosa. Mujer 2.0.

A mí una vez -¿cuándo ya?- me cubrió la piel el manto cálido del ala de un ángel que había perdido la belleza interior. Bajaba, me dijo, para beberla de mis labios y quise creerle. Los ángeles no tienen sexo, pensé confiada aunque desilusionada a la vez. Vaya que sí: tienen sexo. O era el rozar de las alas. No lo sé. Y remontó el vuelo. Yo no sé qué bebió de mí. Sí que la sed que me sació a veces la sueño y en sueños derramo parte de ese placer recóndito. Lilith..!