15 oct 2008

Abel, yo, tú, él...

Leo los diarios en internet, y me sale del tirón entre Étoile -con trasbordo en Hôtel de Ville- y République sin siquiera querer pensarlo. Hay días extraños dentro de la cabeza. O la lluvia. Me deberéis disculpar.

"Aún guardo, padre, la quijada del asno. Tenía sed de venganza. Sed, ser, Set, maldito hermano mío, maldita sea: aún veo el titular, negro sobre blanco, de aquel viejo diario: 'Nace el primer bebé seleccionado genéticamente en España para curar a su hermano'. Nací para curar, vine para dar vida a otro. Vine a sustituir al otro: una vida regalada y Abel era único. Yo lo sabía y por eso lo maté. Y aquí la tengo: su tacto es frío, helado hasta la médula de los huesos. Esta quijada. Manchada de sangre y orgullo pero, sobre todo, de incomprensión.

Ese era mi objetivo. Yo también busco, como tú. En algo nos teníamos que parecer, ¿no crees, padre? Sólo que tu buscas para amar –o eso dices–, y yo para matar. ¿Quién es más humano? 'Un bebé libre de una grave enfermedad hereditaria que padece su hermano y con el que es compatible', decía la prensa. También se mata cuando se ama, se matan cosas de uno, se aniquilan las cosas que no gustan del otro. La vida es una carnicería. Quizá lo único malo en mí es, padre, que no supe nunca canalizar mi amor. Que mi amor no estaba bien dirigido. Quizá, incluso, yo ame más que tú, querido padre.

Callas. No dices nada. Como siempre, no dices nada. No fui el favorito, aquel bebé tan deseado: 'El niño nació el pasado domingo con la esperanza de poder dar a su hermano de 6 años y afectado de beta-talasemia mayor, una oportunidad para seguir con vida'. Abel, Hável, Habil... pastor. Pero soy el superviviente, Caín, Qáyin, qué curioso que este nombre no aparezca en el Corán: agricultor de manos encayecidas entre cuyos dedos la quijada resulta suave como la piel de una mujer, dura como el metal del arado. Mi búsqueda termina en mí, porque yo tengo la quijada. Estoy armado, como el cándido David ante el león y el oso, hijo también de la progenie de Israel. Tantos siglos dan para sentirse solo. Pero he de confesar que, si no hubiera acabado tan pronto con Abel, seguramente hubiera llegado a quererle mucho. Ahora, como a tí, padre, le echo de menos. Y por eso le busco también en ese bastardo concebido para sustituirle: Set. Abel, tranquilo en la tierra, regreso para vengarme, me vengo de ti, yo te defiendo, ahora después de todo.

No es enmienda, ni culpa: porque no la siento. Padre: ¿cuando descubristeis que estabais desnudos en el Edén, sentiste vergüenza? Yo también mordí mi manzana. Justifiqué mi pecado y no me oísteis. No atendisteis mis razones. Sé que no estuvo bien, pero lo hice para recuperar la voz. ¿Por qué cuanto más labraba la tierra su fruto era más estéril? ¿Soy, pues, culpable? Cuando dios me interrogó acerca de su paradero, le respondí: '¿Es que soy yo el custodio de mi hermano?'. Sabiendo Yavéh lo que había ocurrido, me castigó condenándome a vagar por la tierra de Nod eternamente. 'Un bebé libre de una grave enfermedad hereditaria...', 'que el futuro niño pueda aportar células con las que intentar curar la enfermedad del hermano mayor...', 'su sangre servirá para realizar el trasplante que necesita su hermano para superar...', 'un hito médico', decían todos aquellos titulares. Todo resuena como un eco en mi cerebro: fuí un instrumento servil que crece para dar sentido a la vida del primogénito condenado a morir. Pues también vengo a desbaratar tus planes, queridísimo padre. El árbol de la vida es el que tú persigues. El árbol de la vida para que dé muerte. ¿No es paradójico? Muchas veces me río solo, padre, a pesar del llanto silencioso de madre. De sus desesperadas lágrimas por el pesar de tu patética andadura. No me extraña que sea tan malo, tuya es la semilla. Dolor. Veinte años rumiando satisfacción para un agravio.

Sombra de su sombra, aliento de su aliento, vida de su vida, pequeño bajo su altura, siempre mis puños lucharon contra el vacío mientras sus manos amarraban la piel tibia. Yo, agazapado, desnudo en los siglos, dando ridículos saltos quemándome la planta de los piés. Él, poniendo cerco al fuego de la espada, burlando la guardia, brillando ante tus ojos, ante vuestros ojos. Mi gesto severo y su ternura. Lo negarás, claro. Los silos de arena del tiempo te harán hoy pensar que no. Comiste de la manzana y conseguiste la eternidad. Estarás contento, carnal padre, nos condenaste a todos a este peregrinar absurdo por la Historia.

Madre, ¿tú también querías más a Abel? ¿También le querías más a él? Finalmente lo que me llevó a matarle no fue la preferencia de Dios, sino tu silencio indiferente. 'Un nuevo hijo que no sólo está libre de la enfermedad hereditaria, sino que fuera absolutamente compatible con su hermano puesto que tiene idéntico perfil'. La dignidad humana se prostituye. Sin él nunca hubiera existido. Existo porque él me necesitó. Medicina. Medio para un fin. Justificación. Prueba de algo. No soy por mí, sino por él.

Los celos, dicen, son el interés extremado y activo que se sienten por una causa o una persona. Recelo. Yo sentía recelo de cualquier afecto que pudiera alcanzar él. Por eso no entiendo que dijeran que enloquecí de celos. Tal vez, sí, actué con celo. Por la mañana, y mientras aún dormía, golpeé y golpeé hasta sentir que vencía la resistencia dura de su cabeza. El primer golpe fue certero. Los siguientes, reiterativos, casi con desgana, vencida mi mano por el peso de la quijada. Desagradables: cada vez había más sangre. Después, me fui a mis sus cultivos. Todavía me pregunto que porqué una quijada.

Luego, todo aquel lío con el Juez. Los días fugitivos, los gatos cervales, Lilith y la lujuria... Y la nueva gravidez de madre. Volver a comenzar. Siento dentro un cansancio como de 100 años."

12 comentarios:

Anónimo dijo...

Toparse con la historia a fin de cuentas.
La noticia que pudiera ser ahora late en una mano milenaria, por la que gesto alguno ha merecido nueva o redención.
Sabemos que redención son, sin embargo, unas palabras.
La nueva, hermano, será la de otros hombres, de su empeño y aliento, otra palabra, de su letra, la información donde esconder tu asombro -y nuestro-.

Muchas felicidades por esta huella, amiga BL, en el meollo de cuanto trecho avances.

Más claro, agua dijo...

El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma quijada...

Tesa dijo...

Había leído la noticia, no es la primera vez que se hace esto. Ya sabía de casos en que para salvar niños con leucemia se "proveían" de un hermanito como donante de médula. Supongo que es un remedio en la desesperación. El "sacrificio" de un hijo para salvar a otro, éste una especie de parásito.

Nena, te he leído boquiabierta ...qué bien.

Anónimo dijo...

Usted es grande.

Luna Roi dijo...

La historia, y que no nos cuenten historias... la única redención es la alegría y la belleza. Y, como parece ser decían los místicos, el exceso de gozo. Alberto, gracias por tus ánimos.

Luna Roi dijo...

+Claro: la quijada se ha convertido en un colt de 6 disparos, en un FAL o un Kalashnikov. Lo que no han cambiado son las intenciones del que está detrás.

Bs!

Luna Roi dijo...

Gracias, Tesa. Creo que en España la iglesia sigue viendo mal todo esto: Ahí ondea el botafumeiro, bandera del inframundo. En otros paises se saluda a la ciencia. Gracias por tus labios abiertos...

Anónimo dijo...

Gracias a ti, por entenderme como ánimo y no como piropo.

Anónimo dijo...

aunque como piropo, please, también.

Anónimo dijo...

Se ha ido usted por los vericuetos de la historia sagrada. Y la historia, aunque sea esta, se repite, sabemos.
Su prosa, como siempre, llena de fuerza e inteligencia.
Saludos,
MT

Luna Roi dijo...

Por los vericuetos de la historia sagrada, o por los cerros de Úbeda, que tanto da.

La historia, en general, se ocupa de los hombres en sociedad: de sus luchas, de sus progresos; y les sirve -la historia, digo- como arma de sus luchas y como herramienta para construir su futuro.

O eso entendí en su día, cuando me lo explicaron. El resto... 'chinese tales'.

Anónimo dijo...

Tiene vd. un sentido bíblico que va más allá del que los cristianos o católicos acostumbran, usualmente, a tener. Tal vez sea la fuente utilizada. Tal vez los muebles, el orden interno, la cosa en cada sitio -preciso- en esa hermosa cabeza.

AMC