30 mar. 2011

Mourir pour des idées, c'est bien beau mais lesquelles?

Ayer bebí: me deslicé por la senda de las perdedoras. Creí atrapar un corazón con los dedos (a veces tengo esas debilidades) y al llegar a casa la mano me olía a sexo (sólo le había hecho una paja a alguien). Volví sola. Ahora me sorprenden las horas amaneciendo, pasando la yema del dedo sobre la cicatriz de la mano. Amanece el cielo, el día, amanezco yo. Me he sentido extraña los últimos meses: como si tuviera dentro una filtración que comunicara mi razón y mis vísceras y mi comportamiento racional se viera amenazado por la visceralidad, por esa estúpida atribución emocional que le damos al corazón o al hígado. Todo se materializa al revés: dentro de mí todo funciona de modo medido hasta llegar a la cabeza y, una vez ahí, todo se desafora: pienso incesantemente, a impulsos y borbotones. Me gustaría descansar. Apenas duermo, y querría conciliar el sueño tendida en el lecho, enredada en sábanas y sueños suaves. Esta mañana -después de ayer- me he sentido heterónima de mí misma. Nada grave. Sólo siento que soy personas diferentes cuando hago cada cosa diferente a lo largo de las horas del día. Y los días son míos. Grave no, extraño.

Últimamente: me he teñido el pelo del mismo color de mis pensamientos; me aprietan los zapatos y me descalzo; he subido al hielo -debajo del hielo hay tierra, debajo ceniza: la vida dura 12 asaltos y una cuenta atrás- y he resbalado; me apunto a un curso de cocina (estoy harta de comer sémola instantánea, muesli y lechuga -ya no soy vegetariana-); me siento -culpable- al borde de la cama y doy forma a un pensamiento, el pensamiento se me olvida, anoto el siguiente pensamiento; he vendido la moto; miro mapas para viajar a finales del mes de abril (Egipto, Túnez, Argelia, Yemen, Libia... ¿donde? Sólo me siento a gusto cuando estoy cerca de la incertidumbre y la inestabilidad ajena; Japón, no: me dan demasiado miedo); leo a Dostoievski, escucho compulsivamente a Beethoven, intento meditar (no me sale: no sé no pensar, acaso sólo pensar en cosas banales) y me aburre el yoga; ayer crucé sobre el Sena y lancé una botella con un mensaje: que le den por el culo al mundo, el mensaje iba escrito en el resguardo de la tintorería, y luego me costó trabajo recuperar mi chaqueta de terciopelo negro; me arrepentí del color del pelo y volví al color anterior, que es el de mis derrotes: los pensamientos cambiaron, lo constaté leyendo lo escrito; compro zapatos: sin moto caminaré más; la cocinera es italiana, gorda, rubia, bella, deja su gorro alto y blanco sobre la mesa y me aúpa para ayudarme (es manipuladora de alimentos) a acomodar el culo desnudo sobre el obrador de mármol blanco, lo noto frío... los labios calientes; el deshielo es un cambio de estado semejante al de ánimo: en un momento fluyen los pensamientos como agua; el otro día hubo un asomo de primavera en el cielo y comencé a vaciar cajones llenos de ropas ligeras y de tejidos finos: en ocasiones apenas puedo resistir el impulso de desnudarme y salir a correr por la calle, aunque el termómetro dice que esa primavera tiene sol pero apenas 9º C, sosiego mi impulso. No se si la vida debería quedar dispensada de la precisión. La mente no. Fingimos verdad, existencia e identidad. Luego, somos otros. Desconocemos el ortónimo. El mío no tiene la más mínima ética; es amoral, si no positivamente inmoral. La mano, la huelo otra vez.

Por la mañana. Fumo droga y me siento delante de la TV. Me gusta esta experiencia, porque me permite reflexionar mejor. Escucho algo que me interesa: en 1973, cuando Truffaut estrenó La nuit américaine, recibió una carta de Godard para criticar ferozmente su trabajo: ayer vi La noche americana y, como probablemente nadie va a acusarte de mentiroso, lo haré yo... Truffaut, en respuesta, dispara contra Godard : Todas tus consignas y tu preocupación por las masas han sido siempre puramente teóricas. En realidad, nadie te importa salvo tú mismo. No sólo eres un falso sino además un narcisista, un elitista, la Ursula Andress de la militancia... Alboroto de burdel. Truffaut continúa: ...las películas son más armoniosas que la vida... No hay atascos, no hay tiempos muertos. Las películas avanzan como los trenes, ¿lo comprendes?, igual que los trenes en la noche. Y Godard añade en voz alta sus pensamientos: en ese viaje nocturno es importante conocer a quien conduce nuestro tren en la oscuridad, en el vagón de qué clase vamos sentados, si vamos en el Transiberiano o en un mercancías, si nuestra estación término es Venecia o Auschwitz. Una visión intencionadamente blanda del cine. Visión intencionadamente blanda de la vida. Truffaut alejándose -como casi todos- de sus raíces sociales. Godard, de origen burgués y protestante, radical, marxista a veces, ultracrítico, irascible, deviene en hombre incorruptible.

Cuando termino de entender esto, me intereso por lo que veo. Es un documental que se titula Deux de la vague (2010, Antoine de Baecque). Adoro el cine, he visto mil noches de desvelo La peau douce, Les quatre cents coups, Baisers volés, Jules et Jim, La nuit américaine... las he visto sola, acompañada de mi padre, acompañada de quien ni recuerdo, recuerdo que las veía con Laura en Barcelona y la describía lo que aparecía en la pantalla en b/n y que ella imaginaba en color. Cuando alguien es ciego de nacimiento no es capaz de imaginar la diferencia entre el color y el b/n. Para mí sí: determinados sonidos y diálogos son diferentes si se acompañan de color o forman parte de la escala de grises. Mi padre decía que parte de su pasado lo evocaba en b/n y parte (desde los años '60) en color. No solo somos lo que fuimos, sino usualmente lo que recordamos. Y el recuerdo de nuestro pasado lo elaboramos con la materia prima de nuestras fotografías y la reelaboración permanente de evocaciones del pasado: (re)construimos nuestra historia. Deberíamos tener un recuerdo más científico y menos sentimental de nuestras vidas.

Regreso. El tren nocturno, a dónde nos conduce... Los países árabes son un reguero de kaláshnikov en manos del pueblo. Y no estoy nada segura de que ese pueblo -¡siempre con el pueblo!- sepa bien qué hacer con los AK47, porque en cuanto escuchan al muezzin lo dejan en el suelo y ponen el culo en pompa para rezar. Me cuesta distinguir los muertos -otros los diferencian muy bien- de Gaddafi de los de Moubarak, de los de Ben Alí, de los de Bachar el-Assad, de los de la OTAN en Afganistán o en la antigua Yugoslavia. No, no creo en Facebook ni en Twitter ni en el e-mail como revulsivo revolucionario. No se si internet democratiza o aliena, o a partes iguales. Es verdad que cualquier ciudadano hoy tiene más información a su alcance que un emperador a inicios del siglo XX. Otra cosa es que esa información se utilice para algo. Creo en las ideas y en el presente contrapuesto al pasado como punto de fuga del futuro. Desconfío de las explicaciones sencillas. Una sublevación popular contra el dictador con guardia amazónica de vírgenes que un día fue revolucionario nasserista e independentista, y aviones que hacen llover muerte cuando casi todo estaba perdido. A Siria no volarán bombas francesas y ya contamos a cientos los muertos. En Argelia o Marruecos ya no pasa nada. Yemen se incendia. Túnez y Egipto han tenido a dios de su lado los últimos 30 ó 40 años. Pero la democracia árabe es una incógnita. Ojalá ésta ni tenga a dios ni al mercado de su lado, aunque creo que EEUU quiere hacer transición de AK47 a M16 en algunos lugares.

Buff, a veces creo que tengo el cerebro lleno de metralla... Yo no soy yo.