19 may. 2009

It's no a house, it's a home!

Me mudo, dejo la buhardilla. Somos animales de costumbres y terminamos por encariñarnos de las cosas y de los lugares. No me gusta. Por eso he llegado a amar mi buhardilla como se quiere a una gata o un buen libro; y a odiarla como se detesta a un novio/a. He visto desde su ventana -si exceptuamos la del baño: un tragaluz, la ventana de la buhardilla es esa, sola y única mirada sobre los tejados hasta el arco de l'Etoile y de reojo a la izquierda la Tour- caer del cielo nieve, lluvia y lágrimas, he pasado calor en verano y frío en invierno mientras miraba la pequeña boca de la chimenea donde se acumulan revistas y diarios ya leidos, me he emborrachado, he gritado como loca mi soledad, he follado acompañada o sola, he leido más de 70 libros (los 70 nuevos que hay en los estantes: los mejores muebles de una casa son los libros), he llorado viendo cine en una pantalla de 14 pulgadas como si fuera cinemascope, he tratado de cambiar bombillas de una lámpara a la que es difícil llegar siquiera con una silla sobre la cama (para haberse matado), me he drogado y he recuperado la lucidez, me he sentido desamparada y a veces me han acompañado hasta quince personas para animarme (40 metros cuadrados). He olvidado las llaves dentro y fuera, se ha atascado la bañera -con a saber qué era aquello que salió del desagüe- y he tenido goteras, he recibido buenas y malas noticias, he colgado cuadros y se han caido, he caminado desnuda y he dormido vestida.

Si un hogar es donde la familia se junta para encender el fuego para calentarse y alimentarse, entonces mal. La buhardilla no me sirve o el lenguaje nos miente. O nos cuenta verdades que son mentiras por descubrir aún: allí no había amadas esposas, ni maridos protectores, ni queridos hijos, perrillos o venerables mayores... La familia es sólo una forma asociativa -en proceso de descomposición- dentro del progreso económico de la sociedad. Ahora bien, sí si el hogar es símplemente donde una persona vive, donde siente seguridad y calma. En esto último -esa sensación de seguridad y calma- es donde debe residir la diferencia entre un hogar y una casa: sólo el lugar físico habitado. Ella, Patrick, Mona, G., Marie, Camille... son parte de mi seguridad y de mi calma. Sin duda. Y mi hogar, en realidad, un espacio público (como lo son sucesivamente: universo, planeta, país, ciudad, aldea, plaza, palabra).

Tengo varios recuerdos nítidos de mis primeros días en París: el cielo permanentemente gris -venía de Barcelona y antes de Monterrey-; el gran portón azul del 38 de la Rue Beaujon y la obsesión por memorizar correctamente la clave numérica de la entrada (¿y si no puedo entrar? Soy un poco neurótica-compulsiva); a quien hoy es mi jefe haciendo lo imposible aquellos primeros días por invitarme a cenar y, después de cenar, por acompañarme hasta casa para, entiendo, follarme (lo suyo sigue sin ser la cortesía); la mirada perpleja sobre mis baules -maletas- al tomar conciencia de los seis pisos de escalones desde el portón azul hasta la puerta de mi guarida; y la correspondida antipatía de Mme. Martin, la portera de la finca -sin duda una vieja emigrante española- incapaz de recibir un amable 'buen día' sin gruñir un 'bonjour' como respuesta con, incluida, mirada de desprecio...

Un espacio para Conrad, mi vecino australiano y su mujer japonesa, Makiko: tan bella, bajar de noche a comprar tabaco al Flamme, el café de mañana en L'Etoile 1903 y a Monique detrás de su barra, comer el repugnante menú de 9 € de Le Monte Carlo, el socorrido McDonalds de la esquina de Wagram y su revoloteo de oficinistas estresados a mediodía, el delicioso couscous del tunisienne La maison du Couscous y a Malika en su sala de máquinas, las pizzas de César y las botellas de Borgoña en la bolsa del Nicolas que subía siempre Ella, el Pan en Pomme du pain y la eficiencia de mme. Dupré en la farmacia. Ahmed, el basurilla. M. Rapenneau asociado a cada ejemplar de Le Monde. No echaré de menos a nadie.

Mi madre siempre dice que su pérdida será mi ganancia. Nunca he entendido bien qué quiere decir con ello. En realidad sí: ella encontró esta buhardilla y pagó los seis primeros meses por adelantado. Después de los seis meses he sabido lo de la pérdida y todo eso. En realidad una nunca debe estar donde no le corresponde, ni debemos confundir el paraiso con aquella casa del otro lado del camino.

Me mudo, decía. Cambiar de domicilio es zozobrar, volver a domesticar estancias, a pensar lugares y rincones donde realojar las cosas y el alma, buscar el norte para orientar el cabecero, imaginar lo ya sucedido entre aquellas paredes, regatear el aire estancado y descubrir quienes serán tus nuevos compañeros de vida. Empezar a imaginar otra vez qué hay tras los muros y las ventanas -en mi cuerpo habita el alma de toda una gran voyeur-, acostumbrarte a los crujidos de la madera y las vigas, al ruido que hará ahora la lluvia en el alfeizar, saber dónde estás cuando despiertas sobresaltada en la madrugada. Llevo conmigo la cómoda de la entrada, el casco y la Vespa, los libros y el portátil. Mi ropa. Apenas más. Rue Saint-Denis esquina a Place Joachim du Bellay. Menos caro, más espacio y a la vuelta de la esquina de FNAC. ¿Salgo ganando o perdiendo?

(Mudanza, al fin y al cabo, en tiempos de crisis. Lamentablemente, no siempre es posible elegir; ya se sabe, la vida te exige que tomes decisiones cuando a ella le da la gana, y no cuando a ti te viene mejor).

31 comentarios:

Pi dijo...

Amé absolutamente el primer párrafo. Me ha encantado. Dieron ganas de ser parte de tu buhardilla, de la lista.

De follar(se), de drogar(le), de querer(se) en 40mt y 24 horas.

Sin conexión alguna: "comprendí que a veces gana quien pierde una mujer".

Lindo día. Besos,

**Debi-chan** dijo...

Like a rolling stone?Éso soy yo , un canto rodado , y rodando he llegado hasta aquí, para asomarme a tu buhardilla.

¿Con el FNAC al lado? Éso me parece guay, en Ibiza nisiquiera tenemos FNAC.

Un besito :*

Javier Illán dijo...

De chico pensaba que todo iba a ser asi de bonito
todo el puto dia en la puta calle con los veinte duritos
en el bolsillo que me daba mi madre
para que no me faltase nada
ni los chimos, los gusanitos, los tico tico del kiosquillo de Juan
esos recuerdos son increibles sabes y nadie me lo va a quitar
ahora creo y veo que la vida no era tan bonita
hoy en dia hay que estar atento a todo
que duelen mucho las puñaladas por la espalda
me propongo a sangrarte la esperanza si hace falta
a odiarte si me odias y amarte hasta la muerte
sin mascaras que valgan
todo sobre la mesa y bocarriba las cartas
Saludos, PAZ

Tesa dijo...

Las casas no son nada mientras no se convierten en hogares. Quizá por eso, ese estar de paso mío, desubicada de mí misma.
Un beso, linda.

MBI dijo...

ZAAAAAAAAAAAASSSSSSSSSSSSS!!!!!!
Así me ha dejado tu post.
Es bueno de verdad, directo y sangrante como lo son las buenas curas.
Sin concesiones, sin ...
más que eso.
Cést la vie.

Pi dijo...

ganas de decirte que...

me he quedado pensando(te).

Alberto M dijo...

Se sale ganando siempre. (creo)

Ahora, si sigo teniendo suerte, leeré tu historia del nuevo hogar.

Beatriz dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
J dijo...

Viví en 11 casas diferentes en sólo 4 años. Cuando me mudo, suelo regalarlo todo, excepto mis guitarras y una foto. Los libros, cds, adornos... se quedan atrás. O empiezan de nuevo en otro sitio. Como yo.

Gracias por hacerme disfrutar tanto. Un beso.

trilceunlugar dijo...

me hubiera gustado tanto ver y compartir tu buhardilla.
Los cambios siempre tienen un lado bonito, por pequeño que sea.
No te gustan las primeras mañanas cuando amaneces en un lugar que no sabes todavía tuyo pero que presientes que será? es una sensación bonita.
Como disfruto con tus letras

Bellaluna dijo...

Pi: me gusta que me pinsen con puntos suspensivos y paréntesis. La buhardilla es ayer, pero seguiré queriendo, drogándome, follando, ahora en más estancias. Ya leí -me escribieron- algo así: gana quien pierde... creo que gana quien nada tiene por perder. Pero no estoy segura.

Días lindos, besos hermosos Pi

Bellaluna dijo...

Debi-Chan: llegaste justo al cierre de la buhardilla, ahora abro sucursal con peores vistas pero más espacio: mi casa es tuya (en realidad de mi casera).

Seamos cantos rodadetes, de la vida.

Besos!

Theo dijo...

Un texto bellísimo! Envidio esta capacidad para cambiar de sitio; me cuesta horrores a mí. Tardé un año en decidirme cambiar de ciudad, seis meses en decidirme cambiar de piso... y tardaré bastante en dejar el que ahora tengo... es la pereza de trasladar miles de libros, de empaquetar cientos de trastos... el desasosiego de ver a Kuragin aterrorizado, escondido, asustado... Excusas, supongo.
Besos y gracias!

Habitarás mi ocaso dijo...

A mi tambien me encantó como a Pi el primer párrafo. Y coincido con vos que los libros son los mejores muebles de una casa.Espero que tu nuevo lugar los llenes de ellos, asi como también de historias de amantes y alcohol.

Gracias por tus lindos comentarios como siempre. Yo tambíen espero el calor y la inspiración.

Besos

Bellaluna dijo...

Javier: hermoso texto, cartas bocarriba y puñaladas por la espalda son lugares que habito. Nostalgias de ayer, las justas tengo.

Paz y besos!

Tesa: yo estoy también de paso, porque mientras voy, voy dejando atrás. Y nunca vuelvo.

Bellaluna dijo...

MBI: siempre me han dicho que soy muy directa. Mucho, o a lo mejor no pienso lo que digo. ¿Zaaas?¿Te hizo sentir mal? Besos para curar!

Anónimo dijo...

Estás entre el antiguo Vientre de París y el Pompidou, en un barrio de putas y ritmo caribeño. La mudanza no es sólo de inmueble, sino también una inmersión en el París hermoso de los tipos oscuros, los pasajes con encanto, los sexshops, las peluquerías raciales y el jazz. Desambarca y disfruta.

P. Robes
(para tí: Robes, Pierre)

Bellaluna dijo...

Pi: me gusta que me pienses. Quiero pensar tu demás. Un beso fuerte.

Alberto: intentaré explicarlo. Tengo que encontrar los echufes aún.

J: ligeros de equipaje, decía. Lo que queda lo llevamos puesto. Y sin embargo el camión del argelino iba lleno, lleno. Y, otra vez, sin ascensor. Besos.

retje_robar dijo...

En 4 años he dejado atras 6 hogares. Todos distintos y todos únicos.
Cada nuevo hogar (siempre consigo que lleguen a serlo) con su nuevo olor, su nuevo crujir de pasos, su nueva luz. Siempre únicos y diferentes a los anteriores, pero siempre hogares.

Anónimo dijo...

Querida,
recuerdo, usted me transporta, mis años en la Rue Saint Denis, cerca de Etienne Marcel. La FNAC subterránea, los cafés, las telas corriendo en sus carros, la insaciable velocidad del RER y algunos vómitos matutinos impresos como pinceladas nocturnas.
Sea usted feliz.
Poco importa el lugar.
Salud,
MT

Bellaluna dijo...

Trilce: la buhardilla es pasado, pero puedes venir a conocerla cuando quieras porque es un estado de ánimo. De ella echaré de menos lo que sucedía de noche y la mirada madrugadora a lasa cornisas que coronan el Arco de Triunfo y la antena de la Tour.

Espero poder hacerte disfrutar más. Los cambios parecen inspirar.

Bellaluna dijo...

Theo: deberíamos ser ciudadanos del mundo y seres de lejanías. Que nada nos atara a un lugar, a un objeto, a una persona. Y a los animalillos -imagino gato a Nicolai Kugarin- los atamos nosotros.

Habitarás: el fardo de los libros es el de nuestra historia. Paredes cubiertas de confortables lomos de libros sobre estantes de madera. Qué no verán! Cuando quieras, si quieres, hazme compañía con el alcohol áspero y las pieles desinhibidas. Nos observarán -leyéndonos- los lomos desde los anaqueles.

Bellaluna dijo...

Robes-Pierre: París es hermoso vivido y visitado. Sí, aquí detrás estaba Les Halles, el mercado de abastos tan bien explicado por Zola, y San Eustaquio, y ahora los pasillos asépticos recorridos por los chicos violentos que desembocan de los banlieue en Chatelet-Les Halles y la mercadería de los libros nuevos y vacíos.

MT: chinos portando telas y alegres caribeños trenzando cabellos. Los barrenderos vierten agua y diluyen cualquier pincelada sobre el suelo peatonal con sus escobas: ayer desparramé en la inauguración y resbalé a la salida delante de La poste. Sexshops, Kababs, buenos vecinos de barrio. L@ saludo: parece que mis zapatos esta vez han coincidido con sus huellas.

Anónimo dijo...

Huellas de pisadas y surcos de bicicleta. Será la "archihuella" que decía Derrida.
Coincidimos y me agrada.
Saludos
MT

Bellaluna dijo...

MT: ¿Borrar el origen? Freud y todo el lío. Buff...

Bicicleta no, dos ruedas aunque con motor: apariencia de libertad en realidad falsa. Viento agitando el cabello y poco más. Alguna cicatriz en el trasero.

Un beso, gracias! (y coincidamos más...)

Bellaluna dijo...

Retje Robar: tienes razón, los hogares están donde estuvieron las vivencias, los sentimientos, no en los lugares. Yo he vivido en México DF, NY, Monterrey, Barcelona... y nunca he sentido un hogar como ahora en este trasiego de baúles parisino. Nunca me sentí tan feliz aunque no estuviera tan bien...

Anónimo dijo...

Querida,
coincidir es algo que, en cuanto a lecturas y demás aditamentos culturales se refiere, hacemos con cierta regularidad. Y me agrada.
Las biografías (o las sombras de las biografías) corren cada una por su lado. Y eso tambièn es bueno.
Disfrute de su nuevo espacio.
Saludos, MT

Natalia Astúa Castillo (Natalia Astuácas) dijo...

Hola, gracias por tu visita a mi blog, un fuerte abrazo y exitos con la mudanza, yo se cómo son estos tiempos difíciles. No me quiero irmaginar yo mudandome de nuevo, Noooooooooooooooooooooooooo...

Un fuerte abrazo.

Bellaluna dijo...

Natalia: las cajas con las cosas necesarias e innecesarias, el fardo del pasado, las dudas de los espacios y las manos ajadas del polvo y la limpieza. De momento sólo han encontrado acomodo y han entrado en funcionamiento el sofá, la cama y el mac. En realidad, yo creo, si el resto lo tirara no echaría nada de menos. Beso!

Tesa dijo...

Es romántico, Párís, hasta para bajar a comprar tabaco.

Se les toma cariño a los refugios, Luna bella, por lo que son.

Vuelvo por tu sitio, un beso

Bellaluna dijo...

Tesa, gracias, te he echado de menos. Siempre bienvenida, siempre querida. Un beso,

Luna