5 may. 2009

Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos

Atravieso el país de norte a sur. Me deprime esta tierra esteparia -metáfora de una agonía interior- de la que paseo las orillas de su vientre. Tierra de mis antepasados, no puedo dejar de mirar su paisaje desde la ventana del ferrocarril sin abandonar pensamientos enredados en los postes del telégrafo. Hago memoria. La memoria es como un tren, puedes ver cómo se hace pequeña a medida que se aleja y cómo las cosas que no puedes recordar te llevan a aquellas otras que no puedes olvidar... Ausencias. El paisaje se encaja entre las vías y el horizonte, y pasa ante los ojos igual que una película. Surcos verdes y rojos de arcilla alternan pintados en el paisaje, memoria de amapolas -la sangre de estas cicatrices- arrancadas a la tristeza para desalojar la abulia de la monótona meseta, alas blancas, bostezos, estaciones sin trenes se suceden -sin promesas-, lluvia olvidada en los andenes, páramos de vid antesala de vanos sin ventana, de hambres sin pan, de cuentos sin moraleja ni últimas palabras. Esta tierra se ha anegado varias veces de religión: patriotismos perversos del alma y del Estado -también existen las religiones civiles-. Odio España cuando estoy aquí como odio Francia cuando estoy en Francia: las patrias no son más que lastres, cargas, veneno. Sobre estos campos descargó una vez un apocalipsis de ángeles caídos, pólvora, sangre y barro cuyo resto sigue enterrado en sus cunetas. Tristeza. Un cortijo con luz y humo. Muros y olvido. Latifundios y hambre: el sagrado equilibrio de los vientres vacíos. Vientre de la tierra que asoma entre silos de trigo -hoy ya no existe el trigo del pueblo- e iglesias, calles de polvo y cauces sin agua. Del que asoman de tanto en tanto las vísceras de su intrahistoria oculta, como un topo subrepticio y soterrado a un topos onírico, para recordarnos quiénes somos. Más vides. Las vides del vino ácido que ahoga el progreso de las mentalidades -el sueño del progreso también produce monstruos-. Perspectivas sin punto de fuga, fallida fuerza de la gravedad, meses sin luna ni mareas, galpones y pajares sin cuerpos desnudos enfebrecidos. Trenes misteriosos detenidos en la vía muerta de las arterias sin pulso de España, cavernas huecas sin piedras luminosas de donde nazca la mirada, nadie que formule ya deseos: no hay fe en el hombre porque el último mató a su prole y borró la sombra de su estirpe. Más ausencias.

Cruzo rápido esta tierra de confiterías amargas, de señales ferroviarias sin tránsito y cielos mudos por temor a la palabra: hileras de postes de madera embreada sin hilos, postes caídos, postes callados con los aislantes de vidrio fundidos, desvaídos, opacos del otoño, viajando -ya sin palabras- paralelos a las vías, extraños de sí mismos, ignorados. Silencio y sombras. Otra vez amapolas. Las desalentadas amapolas de los muertos. Y ruinas de chimeneas que manaron el humo de un sueño del que ya nunca despertaremos. Guardo el secreto: cuando no tienes nada, no hay nada que perder. Tierra de campesinos, campesinos sin tierra -amalgama de mineral estéril, estiércol yerto y calaveras sin aliento- que apartar parte a parte. Cuando los surcos se entrecruzan, entonces, el sueño desaparece y las torcas -sólo a veces- se llenan de abismo y la cal blanca -a veces, ay, también la de los muertos, no sólo la de los vivos- y el zócalo añil ciernen la cintura de las fronteras y ahogan la respiración de cerros, llanos, pueblos y bestias. Languidecen en el paisaje molinos muertos y molinos de acero, la mentira, y se amorata un horizonte de por sí ya cárdeno: temblor de frío y ... Cementerios con los muertos ya muertos encerrados entre muros y bajo tierra para que no escapen. O para que no se les acerquen los vivos. Desidia detenida en los cruces de carretera que llevan a pueblos vacíos de nada. Los dioses arrancan los bosques, las almas, y los hombres vuelven a plantarlos formando líneas, creciendo hacia el fondo, hacia ningún lugar. Enclaves eléctricos sin luz, mercancías en tránsito detenidas, paisajes huecos donde amarraron al aire los vientres hinchados de hambre de los galgos, esa tierra de miseria y sin fruto no la removerá más que el viento, no la desvirgará el hierro afilado del arado: no es estéril, pero no nacerá de ella más que la ruina que la puebla ya. Toda la tierra. No sirve un pedazo sólo.

Añil, rojo, verde, blanco, rojo otra vez, todo abrasado por siglos de sol y sal. Sólo un tractor -tiempos modernos- sabe asomar de la monotonía del horizonte yermo. Llueve el silencio mudo del atardecer y me recojo. Hay amores que no pueden ser, aunque lo sean de todas formas... Esta tierra de mis antepasados, de la que paseo la orillas de su vientre.

Pero España se moderniza: espero pronto la noticia de un túnel que la atraviese de norte a sur para evitar toda esta desolación.

18 comentarios:

Alberto M dijo...

Hacía ya puede que dos meses que no leía un escrito cercano al vitalismo que además creyera, al mismo tiempo, que le estoy entendiendo, Bellaluna.
Es muy bueno.
Eres muy guapa.

gonzaloleon dijo...

hay un cuento que te podría ilustrar, es de marcelo mellado, un chileno que publicó hace un año y medio "ciudadanos de baja intensidad". tiene un cuento que se llama "no iré a madrid". debe estar en la red una parte, no sé.

Pi dijo...

ayyy, me dio desolación de solo leer-lo... los campos vastos y vacíos me recuerdan mi propia insignificacia... a su vez, la pérdida de percepción del tiempo, propia de los grandes viajes, me agrada... es limitarte a ser, a ver pasar, a dejar pasar...

Besos,

Anónimo dijo...

Enhorabuena. Nada como un ligero aire de dolor noventayochista.
Siento estos problemas nacionales, internacionales, como usted. Será por la edad.
Felicidades por su texto.
Saludos,
MT

Anónimo dijo...

Fuera, el viento hace discursos y la lluvia suena a ráfagas, como una ovación; la vela encendida junto a la ventana me deja verme reflejada besándole en los labios, a medida que el plato que está fuera se llena de lluvia y, al cabo, el cristal olvida mi cara.

Pongo lluvia a la aridez de tu paisaje, me acuerdo de tí.



AMC

J dijo...

He releído tu texto tres veces. Después he visto necesario, necesario para mí, dejarte un comentario que te ayude a hacerte una idea de cuánto me has emocionado. Siento no encontrar las palabras y tener que esconder mi falta de talento detrás de un "gracias".

Bellaluna dijo...

Alberto, gracias por tu optimismo. Gracias por verme bella. Siempre que paso por España siento que me conmuevo. Oigo la voz de la sangre. Y tengo que pararme a vomitar en una esquina. No es sólo la materia, también la vida y la muerte. Un beso.

Bellaluna dijo...

gonzaloleon: ¿es por la negatividad? Yo no leo en negativo el paisaje. Lo veo y lo siento como es. No estuve en Madrid más que de parada una noche para dormir y salté a Sevilla, de ahí a Barcelona y retorno. Todo tan marchito. Aquel otro, ni quería ni podía... Pero hermosamente simpático. Pobre.

Bellaluna dijo...

Pi: lo siento. No te sientas así: a mis ojos significas. El testaferro es el tiempo, hay que hacer desaparecer su pulso. Tras el cristal del ferrocarril me acordé de tu mirada. ¿La veré entera? Beso!

Anónimo dijo...

En España hay muchos lugares así: ásperos, lunares, desolados: Páramo de Masa, Despeñaperros, Monegros, La Mancha; no son los peores: otros muchos están en la memoria de cal de las cunetas.

Niña: ¿cómo tu sabes tanto de estos lodos desde tan Francia y con tan poca edad?

PRobes

Alberto M dijo...

Mejor hermosa, 2009, inteligente (mejor lista), agradable, generosa y lunera.
El único pero lo de las mozas, que incluye el pero: cosa mía.
Un amor, como quien dijera.

Ya paro eh.

Bellaluna dijo...

MT: yo no los siento tanto -los problemas- por mi edad como por la de mis antepasados. A uno le dolía España, como a Unamuno, a otro le escocía. Otro murió a pesar de ella. A mi me hace sentir mal cuando paso por ella. Pero en si... como si se disgrega en 8.112 municipios independientes o decide asociarse con Islandia.

Un beso

Bellaluna dijo...

AMC: la lluvia se asocia a la melancolía, pero en realidad es nostalgia: del cine y todo eso.

Me has hecho recordar -ya que te evoco recuerdo- una historia que leí una vez. O me la imaginé... el caso es que la recuerdo. A lo mejor la pongo en el post que viene.


J: me abrumas leyendome tanto. Debe ser que miramos desde la misma ventana. O por los mismos ojos. Un beso, cariño.

PRobes?: creo que sí, que son los paisajes. Aterrizar en España es de otro color que en el resto de Europa. Encuanto a la edad, los lodos y Francia: creo que soy una de esas personas tan sin infancia, desde niña tan mayor, una lástima...

Sirena Varada dijo...

Hermosa y despiadada recreación literaria. ¿Y qué tierra no se ha anegado de religión, de patriotismos y de cutreces? Claro que, las patrias no son más que lastres; pero en medio de esa amalgama de rojos, ocres, blancos y más rojos, hay una belleza clamorosa, arrogante, que tal vez sirva para que alguien vea algo, encuentre algo o confirme algo. Siempre un algo, aunque el anacronismo sea la mejor referencia.

Bellaluna; oído en la radio: “El mejor destino es no saber donde vamos”. Ya lo sabremos.

Besos

Bellaluna dijo...

Errar sin rumbo fijo, sin conocer nuestro puerto, hasta el retorno... tal vez hay un poco del judío errante en nuestra sangre, en la mía. Desconfiemos de los medios.

¿Las patrias? Habría que fusilarlas al amanecer. En general.

Un beso!

Abutita dijo...

Hola compañera;

Me han conmovido tus letras, son preciosas.

Por supuesto, las patrias son terribles... Tristes espejismos que nos hacen perder la noción de nosotros mismos...Que nos hancen odiarlas y extrañarlas de nu absurdo modo.

Besos

Bellaluna dijo...

Abutita: cuando mudas en el espíritu se levantan escamas de la piel. Patrias y patriotas: me quedo con aquella frase de Samuel Johnson: 'el patriotismo es el último refugio de los canallas'. El último patriota que se ensañó con España la dejó tan muerta...

Anónimo dijo...

PRobes? no. P de Pedro. Me llamo Pedro.
La infancia ausente de niñez es dolorosa. Usurpación de sensaciones: la del niño y, por tanto, la del fin de la niñez: tierna, dolorosa, maravillosamente emocionante: describe sensaciones que ya nunca se olvidan. descubrimientos llenos de placer.

Tus paisajes y la tierra de tus palabras habla de ello, verdad?

PRobes