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5 may 2008

Espejo de la habana

Guajiros, vegueros y bohíos, lejos la bahía de La Habana
-o espejo de paciencia-,
son de Ibrahim Ferrer, contrapunteo del tabaco y del azucar y
Omara Portuondo escapando por amor
entre ecos de La Bayamesa de Grenet y Garay. Y su Magia negra:
palabras y desafíos.
Tal vez nos demoramos y colamos un poquito de café, tan poquita cosa.
Eres tan poquita cosa...
[tiempo anidado: te espero y espero]

Caribe aguamarina turquesa, vetas transparentes como silencio,
sin espuma del malecón: una sábana azul.
Guayavera, piel prieta o canela, ojos grises tras el portón y reja de Cádiz:
Trinidad y aquí se acabe el mundo.
Aguada de Pasajeros, Rodas, Cienfuegos,
asombrado transeunte que llega al caribe: Punta Limones, Playa Ancón.
Camaguey, las combinadas cosechando la caña,
otros ojos: unos ojos de ocho años, ojos caramelo
-la retórica y la dialéctica bien aprendidas en la escuela-
y más vida en sus palabras que la que les quede a las mías.
La dulce pionera será un huracán.

A menudo la Historia no es lo que sucedió sino lo que se dice que pasó: el rumor.
Sin embargo la Revolución, dice FC,
es el sentido del momento histórico:
el tiempo es el mejor navegante en las aguas de la laguna Estigia.
La dolorosa belleza del mal: para entender la realidad
hay que llegar hasta sus extremos.
Comprender y abandonarse de modo celestial...
No tener paladar para este mal trago.
Calle 70 a la izquierda, calle 41 tomando después calle 100
hasta llegar parque Lenin; ayer, 5ª y 3ª hasta el teatro Karl Marx. Nombres.
Ya sólo nombres.
Un gato en los jardines del hotel nacional
se acomoda en mi equipaje. Atrapado en su isla, como si fuera su ruina y su esplendor,
ritmo amanerado.

En La Habana la espuma rota del malecón salpica tus ojos grises,
sonrisa amable, andares con la cadencia rítmica del son entre las calles de Vedado,
vegetación y voluptuosidad.
Más lejos del son:
Gato tuerto, Zorra y cuervo,
heladito en Le Coppelia.
Condenados de condado,
cuando los hombres soñaron en los camiones, los fusiles despuntaban arriba,
aguantados entre las piernas:
desnudas las aceras desde el Bramadero hasta la caseta de la posta:
las cosas importantes requieren tiempo: como el crecer de los árboles,
formar la capa de humus de la vida
con la concepción circular del tiempo,
pasado y presente tejidos a la historia del futuro con hilos de dulzura,
todo sólo por la necesidad del movimiento. (Luego, todo se deshilvanará)

La Habana transcurre junto al mar
en una marea espumosa, espesa y lenta:
Aire madruguero de regreso.
Carpentier, recurso del método, concierto barroco entre penunbras bajo los jagüeys del parque Zapata y Gandhi,
y entre los corros del Prado en Parque Central. Nada prohibido, solo todo irregular.
Heterogeneidad viva, transculturación y conciencia de América,
vuelves a nacer, como volví a nacer el día en que aprendí/comencé a leer.
Nací en el 82 del siglo pasado (expresión terrorífica ésta):
Como si fuera primavera y yo muriendo.
Como si fuera primavera y me rodean ángeles.
Como si lo fuera y la boca no calla lo que le pido que olvide.

Dolorosa belleza del mal: los versos son renglones sin terminar de escribir.
No hay que hacer una segunda pregunta,
basta mirar las pupilas del otro antes de la pregunta que se va a saltar.
Preguntar sin nada dentro.

Mientras tanto, en los aeropuertos, en los negocios y en las universidades
la gente analiza la realidad, compra libros, repite citas,
llega a conclusiones y las deja escritas en los muros.

Y nadie entiende nada, nadie siente nada. No entienden -¿y tú?- que no hay éxito como el fracaso, pero que el fracaso tampoco es un éxito.

Aquellos ojos grises hoy duermen en mi lecho.

28 abr 2008

No me gusta viajar como una maleta

Preparo la maleta para viajar a La Habana. Aún no se qué poner en ella. Digo en la maleta. En La Habana, sí. Aunque nunca he estado en La Habana en estas fechas. ¿Qué expectativa tengo en la cabeza? Preveo dejarme deslumbrar más por un ambiente que por la belleza; más por la atmósfera pegada a tierra que por aires de piel canela o cadencias lentas y sensuales... Me llevo conmigo el puño de mi letra, una conciencia personal solidaria y cierta nostalgia por las cosas que puedan suceder.

“Traicionado por un beso en una fresca noche de bendiciones
(...)
No hay tiempo para elegir cuando la verdad está a punto de morir,
No hay tiempo para perder o para decir adiós,
No hay tiempo para las víctima presentes,
No hay tiempo para sufrir o para parpadear,
Y tampoco hay tiempo para pensar.”

Hay un instante en que deja de importante el pensamiento enredado en madejas de áspero insomnio, instalado en medio del paso con obtusa obcecación y con la densidad espesa del mercurio, con el paso adelantado pero la incierta distancia de una perspectiva oscura.

Hay un momento en que ya nada te bloquea y te sientes liberada. Hablo de la sensación opresiva que a veces atenaza tu ser e impide que reconozcas tu rostro en el espejo por las mañanas a partir de un determinado momento vital.

Hay una mañana en que regresa el alma a su sitio, el futuro se congenia con el presente –en realidad qué importa el futuro, excepto la nostalgia ya mencionada-, se abre delante el cielo y se otea el horizonte, la claridad: las nubes de plomiza y gris incertidumbre dan paso a radiantes certezas. Los pies ya no quedan en el suelo, sino alzados. Los días en que tienes la carne mal abotonada –hay días que se abotonan mal al cuerpo- cesan. Y yo, acostumbrada a verme mirándome -en fotos o en el espejo, mis ojos me miran casi siempre- paso a mirar a otros ojos, sin quemarme. La alegría como deber diario.

Hay, entonces, un día, un presente, en el que te sientes tú, que alzas el vuelo segura: eres la más guapa, eres la más simpática... eres, y paras tu vuelo un instante ante otros ojos (no cantes a la rosa, hazla florecer), y los miras porque ya sabes que los quieres y quieres saber que tal vez también ellos te quieren, o te han deseado o te desean. Que quieres saborearlos y que descubran todo lo que no conocen de ti, no saben de ti, lo que no ven de tí.

El futuro... me reafirmaré: sólo siento nostalgia de todo lo que haré nuevo y aún no conozco. El miércoles, La Habana.

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¿No os levantáis un día con una canción obsesivamente instalada en la cabeza y permanece ahí las 24 h. del día resonando como un eco? A mi me sucede también con las personas. Con los ojos de las personas... tengo 10 horas de vuelo para excrutarlos detenidamente