24 jul. 2008

Elogio de la pereza

Me estiro como una gata entre las sábanas, perezosa, como si hubieran comenzado ya los días de descanso que aún no han comenzado. Hoy, decido, no voy a trabajar. Me ganaré el salario sin salir de la cama. Amo estas mañanas que, tras una larga noche -que comenzó escuchando a Manu Katché y se fue complicando tontamente casi hasta el amanecer y que hizo de ayer un día de casi 30 horas-, se prolongan en un dolce fare niente, con el portatil sobre la almohada, una taza de café en la mano y conectada al mundo gracias a la amable desprotección del wifi de un vecino anónimo (en realidad, 3com).

Estos últimos días he leido -debería decir ojeado- Le droit à la paresse, obra ideológica de Lafargue relegada casi al olvido en la época del productivismo soviético. Ahora que vivimos tiempos de regresión social, y una vez aprobada bajo la atenta supervisión de la Europa del capital -no se si hay otra hoy- la directiva europea de tiempo de trabajo que eleva la semana laboral hasta las 60 horas poniendo fin a la jornada laboral máxima de 48 horas semanales que aprobó la Organización internacional de Trabajadores en el año 1917, el gobierno francés -a su cabeza el marido de Carla Bruni- ha enseñado sus verdaderas cartas sentenciado a muerte la jornada de 35 horas semanales aprobando un proyecto que abre las puertas a la jornada de 40 horas semanales. Y leido Lafargue estas noches de desvelo y calor intenso, tumbada boca abajo en mi colchón, al resguardo de mi buhardilla, creo que me quedo con la idea de su defensa del sueño de la abundancia y el goce, de la liberación de la esclavitud del trabajo: el trabajo es sólo una imposición del capitalismo que se contrapone, ay!, a los derechos de la pereza, mucho más cercanos a los instintos de la naturaleza humana. De ahí a alcanzar los derechos al bienestar apenas un paso y, a otro, la culminación de la revolución social. Pero, -ay! de nuevo- pienso: se ve que no están los tiempos para perezas... se ve que lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos.

(Ayer respondí a la pregunta de Mona, mi hermosa martiniquesa oscura y cálida como la noche: ¿Te parece bien que te quiera nada más que una semana?. Después de las vacaciones os hablo de ella).

Besos!

8 comentarios:

Sevillana dijo...

Buenas, bella.

Es la primera vez que entro en tu blog.

A mí me gusta la pereza entre sexo y sexo. Ella solita, como que se me queda pequeña. Quizás haga demasiado calor...

Besos.

Más claro, agua dijo...

La pereza es un invento con la categoría de 'clásico' tan ganada a pulso como para que ahora venga un desgarramanzanas como el Sarkozy a violentarla... ;-)

Bellaluna dijo...

Sevillana: algo de eso hay. Pero en París estoy un poco desubicada: temperatura y contrarios.

Molicie y desnudez en el calor denso de las tardes de verano. El deseo sublimado.

Nunca hace bastante calor para el sexo.

Tbeso!

Bellaluna dijo...

+claro: la pereza no era virgen, pero Sarko es un advenedizo que la ha dado por detrás. Y lo malo es que parece que todos aplauden...

Alberto M dijo...

Malos tiempos para la pereza.
Pero se nos pasará.
Yo hoy prometo no vestirme, es un paso.

Anónimo dijo...

Bendita piel, sagrada desnudez... y a follar!!

Bellaluna dijo...

Alberto: como dice anónimo: bendita desnudez; y por más razón, y de acuerdo con Sevillana, la pereza entre sexo y sexo. A mi me gustaría encontrarte -sevillana- en realidad entre pereza y pereza.

Alberto M dijo...

Con lo majas que son, señoras, están ustedes de una pereza alucinante eh.